por Tina Gardella para el Diario del Juicio El portón, el sencillo portón de tablas del Arsenal, se abre prestamente para que pase la comitiva. Jueces, querellantes, defensores, personal del TOF, peritos, organismos de DDHH, familiares, periodistas, estudiantes y sobre todo, los sobrevivientes-testigos con sus grupos de contención, configuran la nutrida comitiva. Se desplazan guiados por el personal de gendarmería que en cada curva del camino indican hacia donde seguir. Es viernes 13 de setiembre y el camino lleva hacia los lugares que certifican por qué el Arsenal fue el Centro Clandestino de Desaparición, Muerte y Exterminio más grande del Noa. Se respira la avidez de las miradas, se habla en voz baja, se acompaña, se acompañan; los movimientos parecen torpes ante un terreno irregular, tan tenso, seco y abrupto como las sensaciones que quizás embargan a quienes por su rol, por su lazo o por el sentido histórico del hecho, están allí. Hay estupor. Hay algo de indescif...