miércoles, 25 de septiembre de 2013

El pozo como signo viviente

  • por Tina Gardella para el Diario del Juicio
Foto: Agencia INFOTO


Es un pozo. Está cuidado por una red de alambres perimetrales en cuya centralidad se destaca un ascensor que permite bajar hacia las entrañas de ese pozo. Es el Pozo de Vargas… ese pozo hacia el que se llega, desde otro lugar y después de un intenso recorrido, en una inspección ocular como parte de la Megacausa Jefatura II – Arsenales II. 
Han pasado más de 10 años desde aquellos rumores acerca de “gente que tiraban en el pozo de la finca de Vargas” y que motivara un proceso de lucha, sin prisa y sin pausa, para que los peritos del GIAAT (Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán) comenzaran los trabajos, se pudiera financiar ese trabajo y se pudiera derribar las especulaciones acerca de lo que allí se encontraría.

Ahora son los peritos del CAMIT (Centro Antropología Memoria e Identidad de Tucumán) quienes acompañan a los jueces a bajar por el ascensor hacia la profundidad del pozo. Explican los esfuerzos perversos para disimular y ocultar ese pozo cuya hendidura en el terreno orientaba pero sin mayores pistas y dan detalles de lo hasta ahora encontrado cuando falta aún explorar 10 metros más hacia abajo.
Y lo encontrado, lo saben bien los familiares, los querellantes, los organismos de derechos humanos, los peritos, el EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense), no son “restos” en el sentido de “lo que queda”. Por el contrario, es lo que inicia y permite la materialización de prácticas y saberes de la memoria, de identidades que re significan un pasado en disputa permanente por su interpretación o re interpretación en clave de posicionamientos políticos en contextos propicios para construir futuro de Memoria, Verdad, Justicia.

El Pozo de Vargas, ubicado en Avenida Francisco de Aguirre a la altura del 4.500, en el límite con Tafí Viejo, era un viejo pozo de agua de una finca, en una zona casi despoblada,  en el lapso en que se presupone funcionó como pozo de inhumación clandestina (1975-1980). Una vía del Ferrocarril General Belgrano, pasa por su costado sur. Según testimonios de familiares y militantes que comenzaron las investigaciones hace más de una década,  los pobladores más cercanos vivían a no menos de doscientos metros y manifestaron haber escuchado ruido de vehículos, sobre todo camiones, en horas de la noche. Las prácticas de la investigación de lo que allí paso en el proceso llevado adelante por los familiares y organismos de derechos humanos por la “apropiación” de ese lugar como territorio de la memoria, da cuenta que todavía no se termina de “ver” lo que pasó y lo que está pasando, para diseñar en forma conjunta, lo que puede allí pasar.

Que en el predio estén las fotos y algunos carteles, es una forma de señalamiento del pozo como sitio del circuito represivo y de terror. Pero además, de las estrategias de disciplinamiento que el terrorismo de estado impartió a todos en general, pero muy especialmente a los vecinos cercanos en particular.
Por lo que toda apropiación legítima por parte de los familiares y organismos, desde hace años atrás hasta llegar al abrazo simbólico del Pozo de Vargas junto al grito de “Justicia y cárcel común” el día del reconocimiento ocular, no puede dejar de preguntarse por esos vecinos, ahora en una zona mucho más poblada, que tienen al Pozo de Vargas como parte de su diario y cotidiano paisaje.

Sin lugar a dudas son fundamentales las investigaciones de todos los peritos, que esclarezcan los hechos aberrantes del terrorismo de estado en Tucumán y el lugar del Pozo de Vargas  en ese circuito. También es valorable y altamente significativa la tarea de los organismos de derechos humanos y fundamentalmente de Fadetuc. Habrá sentencia, habrá castigos.

Pero como una tarea de todos que excede a la justicia y sus actores, habrá que ver de qué manera el Pozo de Vargas no es visto por los vecinos como un sitio inmóvil, inaccesible o distante, sino como un signo viviente en espera de sumar otros discursos que permitan desde ese pasado horrendo que nos atraviesa, construir un futuro que permita así, un presente de lazos solidarios en esa construcción.


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