miércoles, 9 de octubre de 2013

Oído atento para una escucha sensible e inteligente

  • por Tina Gardella para el Diario del Juicio


El cuerpo, como lugar estratégico de las acciones biopolíticas, se ha instituido en el contexto del terrorismo de estado, como marca en sí mismo de las marcas que porta. Marcas múltiples, profundas e indelebles; histórico-sociales, biológicas y psíquicas, pero indiscutiblemente políticas.

Las violaciones sexuales agravadas y el abuso sexual agravado que fueron aceptadas por el TOF ante el pedido de ampliación de la acusación del Ministerio Público Fiscal y que contó con la adhesión de las querellas, trajo a la escena del juicio, actualizó  y puso en valor significativo, las declaraciones de la Dra. Susana Chiarotti cuando testimonió en la calurosa audiencia del 13 de diciembre de 2012.

La especialista en violencia de género había contestado en esa oportunidad, en forma clara y didáctica, las preguntas realizadas no solo por la querellante Julia Vitar, sino hasta las realizadas por el propio tribunal a través del Dr. Gabriel Casas.
Ante una escucha atenta de la sala, la Dra. Chiarotti explicó la noción de género como la construcción cultural que se hace por encima de las diferencias de sexo y que claramente refiere a los roles asignados, y en ese marco ubicó a la violencia sexual y la responsabilidad del estado no sólo por perpetrarla sino también por no haberla evitado.

Al tomar específicamente los delitos sexuales en el marco del terrorismo de estado y en casos que claramente expresó conocer no sólo del mundo y de diversos centros de detención y exterminio del país, señaló a la cárcel de Villa Urquiza, la Jefatura y a Arsenales, como lugares donde se ejerció violencia sexual, considerada como todo acto con connotación sexual sin consentimiento de la persona y configurado no solamente por los actos en sí mismo sino también por  la amenaza de cometerlos.

Desde lo jurídico, destacó  los avances en los últimos tiempos por cuanto en siglos se ignoró, por parte de los tribunales, a la violencia sexual ya que se la trataba más bien como “efectos colaterales”. Sin embargo hubo un gran adelanto al considerar que delitos que son comunes, en un contexto masivo, se convierten en delitos de lesa humanidad. También la violencia sexual en el marco del terrorismo de estado había sido de alguna manera “invisibilizada” ya que se la consideraba como parte de la tortura. Hoy ya está considerado como delitos autónomos de lesa humanidad, autónomos de la tortura.

Un aspecto interesante fue el abordaje acerca de por qué no se denunció en su momento, latiguillo que suele usar sin mayor esfuerzo de inteligencia la defensa de los imputados. El temor/terror que se procesa desde las líneas de fuga de las prescripciones y la estigmatización de un delito que siempre recae sobre la víctima, no sobre el perpetrador, habla de la importancia del accionar de un estado dispuesto a evitar, castigar y reparar sobre el daño ocasionado. En ese sentido enfatizó que la tarea del estado debe ser en primer lugar visibilizar e investigar estos delitos; en segundo lugar, sancionarlos de manera autónoma, separados de las tortura; y en tercer lugar, reparar el daño ocasionado.

Reparar el daño ocasionado…acaso nunca tan significativa la dimensión simbólica de la reparación, toda vez que considera no solo a la víctima sino a la comunidad de daño, es decir, a todas las personas que se sintieron heridas por lo que la pasó a la víctima.

Precisamente como comunidad de daño que somos, podríamos hacernos cargo nosotros también de la recomendación que diera la Dra. Chiarotti sobre como tratar y qué hacer cuando atestiguan con sus relatos conmovedores las víctimas del terrorismo de estado que han sufrido violencia sexual:

“Trabajar para que no quede impune ningún caso de violencia sexual, de las que viven y de las que no están, y sobre todo, asegurar que su relato puesto en voz y cuerpo, no será en vano, no sonará en el vacío. Todos los recaudos necesarios de acompañamiento y contención psicológica son importantes. Pero en esos relatos las víctimas tiran líneas, esbozan dichos, balbucean situaciones…sólo perceptibles a una escucha atenta, una escucha de género, una escucha sensible, una escucha inteligente.”

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