viernes, 7 de agosto de 2020

“Un desaparecido duele hasta que muere el último que lo quiere”










Por Mariela Ramos y Andrea Romero


El juicio Operativo Independencia – segunda parte, al que se conoce como Megacausa 14, que se lleva a cabo en Tucumán en su modalidad virtual está en su etapa final. Se juzga por primera vez la causa de Dardo Molina, ex vicegobernador de Tucumán en el periodo constitucional 1973 – 1976. Dicha causa estuvo incluida en el universo del megajuicio Arsenales-Jefatura II pero fue apartada por razones burocráticas.


Dardo Molina presidió la legislatura tucumana en el periodo del Operativo Independencia iniciado el 5 de febrero de 1975. El despliegue de las tropas militares en territorio tucumano sumergió a la provincia en un cruento proceso de violencia estatal. Esa violencia y la represión desplegada como instrumento de disciplinamiento y control de conflicto social hundieron sus raíces en las clases más combativas de la sociedad tucumana.


Decretado el golpe cívico-militar el 24 de marzo de 1976 tomó el mando del gobierno provincial el genocida condenado Antonio Domingo Bussi. El 15 de diciembre de 1976 Dardo Molina fue secuestrado de su estudio jurídico en la capital Tucumana. Después de 37 años de búsqueda, en febrero de 2014, los restos óseos del exvicegobernador fueron encontrados en el pozo de Vargas, una fosa común ubicada en la localidad de Tafí Viejo en el límite con la capital.


Josefina Molina, su hija, se convirtió en una de las protagonistas de la lucha de los derechos humanos y los reclamos de justicia llevando a adelante una lucha personal pero a la vez colectiva  porque como ella repite sin cansarse: “los desaparecidos son de todos”, un lema acordado con los familiares.


En una entrevista con el Diario del Juicio, la hija del exvicegobernador expone los puntos que considera relevantes en la causa y comparte su historia que es el reflejo de la historia trágica que atravesaron cientos de familias tucumanas.


1- En febrero de 1975, cuando inicia el OI, Tucumán atraviesa -al igual que el resto del país- una profunda crisis social y política. ¿Cómo recordás ese periodo de conflictividad social?

En el año 75 inicia el OI, en esos momentos quien te habla tenía 18 años. Debo aclararte que no he sido militante en ese momento, pero he vivido el ambiente de la provincia. Era una provincia muy convulsionada, de permanentes protestas. Recuerdo que hubo una toma en el senado en ese periodo donde mi padre era el presidente y lo destituyeron por un tiempo aproximado de 6 meses, teóricamente iba a ser permanente la separación de él como presidente pero ante una secuencia de movidas se lo vuelve a restituir en su cargo.


2- El ex vicegobernador Dardo Molina integró la comitiva que acompañó a Perón desde España en su retorno al país ¿Qué recuerdos podrías compartir de ese acontecimiento histórico?

Realmente fue impactante, fue impresionante la llegada de él. Personalmente lo espere acá en Tucumán. El retorno traía un bagaje de compromisos en relación a Perón y la provincia de Tucumán, todos los compañeros que estuvieron con él en ese momento merecen nuestro mayor respeto y nuestro recuerdo, muchos fueron secuestrados,  muertos y asesinados.


3-  En el 2014 fueron identificados los restos de tu padre en el pozo de Vargas ¿Cómo has transitado ese proceso? ¿Por qué, a pesar del hallazgo de los restos, continuaste la búsqueda?

A partir del 20 febrero del 2014 comencé a recibir los diferentes informes en relación a los óseos que recuperaban en el pozo de Vargas. En realidad en Febrero del 2014 no se lo identifica a Dardo Molina, se determinó que los restos de él fueron arrojados en el pozo de Vargas ¿por qué marco la diferencia? Porque hay una gran diferencia entre recuperar el esqueleto completo como fue en Arsenales a tener que recibir varios informes y que te lo vayan armando como un rompecabezas. En el caso de mi padre recibí en el 2014, 2015, 2016, 2017… Estoy esperando para ir rearmando sus restos.

El hecho de saber dónde estaba mi padre no significó dejar de buscar a los demás. Las tareas del pozo de Vargas no se terminaron, es más, hay otras investigaciones en curso que por suerte puedo seguir querellando porque hay un lema que nos fijamos los familiares: los desaparecidos son de todos. Que aparezca uno es de todos, que aparezca el otro… de esa manera ir recibiendo yo y que mi compañera no reciba nada… De a poco nos íbamos preparando para eso que es lo que ha sucedido. Respeto la decisión que tomamos en el 2002, los desaparecidos son y serán siempre de todos.


4- El juicio denominado Megacausa 14 incluye la causa de tu padre que en el 2012/2013 formaba parte de la Megacausa Arsenales-Jefatura II pero fue separada ¿Considerás que los procesos judiciales han reflejado las demandas de los derechos humanos de memoria, verdad y justicia?

Puntualmente estás hablando del juicio y no lo quiero relacionar con el ítem de memoria y de verdad. ¿Justicia? Es muy lenta, la justicia les dio a varios desde el punto de vista biológico, en el sentido de que algunos se murieron, otros están con (prisión) domiciliaria, por la edad la mayoría.  Lamentablemente siento que la Causa de Dardo Molina llega extremadamente tarde. ¿Por qué  cae la causa de Molina? Porque muere Alais. Y Menéndez no tenía tiempo, no tenía agenda para estar en Tucumán. Lo que nadie sabe es que en realidad era una cuestión burocrática  porque podría haberse continuado ahí adjuntando, tenemos exactamente los mismos imputados de ese momento que tengo ahora. Pero bueno los tiempos de la justicia no van tomados al tiempo del familiar, eso que quede claro.


5- El 15 de diciembre de 1976 el ex vicegobernador es secuestrado por un grupo de tareas bajo las órdenes de Bussi ¿Cómo logró afrontar este acontecimiento la familia en su conjunto y vos en lo personal siendo tan joven?

¿Cómo se enfrenta un secuestro? Difícil pregunta. En realidad continuamos enfrentándolo, eso no se termina nunca. En una frase que leí por ahí dice que “un desaparecido duele hasta que muere el último que lo quiere”. Mi familia, la familia Molina, lo enfrentó de diferentes formas. Todas dolorosas. La hermana de mi padre se murió de pena dejó de comer. La depresión de la muerte, le decían en ese momento. Mi mami, que bailaba, que sonreía, nunca más se levantó de la cama y siete años después murió por una sobredosis. Se mató. No nos fue fácil, pero estamos.

Yo tenía 20 años estaba embarazada de mi primer hijo estaba de cuatro meses cuando se llevaron a mi padre. Me faltaban 10 días para parir cuando Cafarena allanó mi propiedad. Estaba con mi mama. Allanaron durante toda la mañana para llevarse los expedientes de él. No sé explicarte cómo hice para poder sostenerme con esa criatura. Pero se enfrenta.


6- En las elecciones provinciales de agosto del 2019 Fuerza Republicana se constituyó como tercera fuerza política ¿Cómo interpretás esos resultados a la luz de los juicios llevados a cabo en la provincia y la condena a perpetua a Bussi?

Está la condena judicial pero no hay condena social, pero ojo que los únicos dos condenados a cadena perpetua fueron Bussi y Albornoz, porque si haces lectura de todos los imputados todos están con domiciliaria o están libres. Tenemos una justicia bastante floja en ese sentido. Aparte hay que hacer una crítica, un mea culpa porque cuando eran juicios presenciales, era poca la asistencia, poca la difusión.

Con respecto a la continuidad de los “Bussis” yo veo una explicación. El golpe militar fue un golpe cívico-militar lo cual significa que en la provincia de Tucumán los militares tuvieron el apoyo de una gran parte de los empresarios en lo que respecta a lo económico. Lamentablemente esa oligarquía continúa y en virtud de eso continúan sus ideales por eso es que han sacado tantos números en la legislatura y por eso es que tenemos tantos  represores o sus familiares enquistados en los poderes; tanto en el judicial, como en el ejecutivo y el  legislativo. Tenés el ejemplo de Maggio en el poder judicial. Ni siquiera llegamos a tener una justicia social porque mientras estos sigan así, imposible.


7- El dolor social que has transformado en lucha y resistencia personal, pero que a la vez colectiva y, como decías anteriormente que si bien habían identificado los restos de tu padre pero también faltan la identificación de los demás familiares. En este sentido ¿Cuáles fueron las resistencias encontradas y los logros alcanzados?

A partir de todas las tareas que los familiares hacemos tanto para las investigaciones, sin tocar la parte judicial, se tuvo muchas trabas: en las investigaciones, económicas, en las diferentes opiniones en relación a las metodologías de investigación tanto en arsenales como en el pozo de Vargas. No siempre los familiares, los querellantes, que son los que más o menos van direccionando ciertas tareas convergemos en lo mismo, pero como tenemos una sola meta fijada al final se logra avanzar pero no es fácil. Las luchas siempre, siempre han sido muy muy a pulmón, sin ningún tipo de apoyo económico como para poder avanzar un poco más.


Josefina advierte que muy esporádicamente lee un artículo hablando sobre este juicio. Ella reconoce que volver a convocar a las familias de las víctimas de causas anteriores es complicado porque ya han tenido su juicio y no quieren volver a escuchar o ver testimonios tan dolorosos que, además, ya conocen. “Yo me hago cargo con un poco más de entusiasmo, si se puede decir así, de mi causa y la causa del papá de Ana Muñoz que son los que han quedado colgados. Al mismo tiempo es la primera vez que se los ventila. Dardo Molina y Osbaldo Muñoz son los únicos casos nuevos en esta Megacausa, aun así no logramos tener una buena convocatoria, la sociedad, creo, ni siquiera está enterada del juicio”, dijo en el transcurso de esta entrevista. Una inquietud que nos interpela e induce a preguntarnos ¿Qué podemos hacer para darle mayor visibilidad y difusión a este juicio?. Quizás, sostener este espacio sea un aporte.

 

 

miércoles, 22 de julio de 2020

La violencia estatal desde la narrativa local



Por Mariela Ramos y Andrea Romero

Comprender el Operativo Independencia y la posterior Dictadura cívico – militar implica reconocer el sistema represivo utilizado y para ello es necesario inscribirlo en una compleja trama histórica que lo explica y lo hace comprensible. Insertarlo en un proceso de represión estatal nos permite además interpretar su narrativa, entendiendo que toda narración es una articulación de acciones que remiten a un significado y en este sentido el lenguaje sirve para transformar estados del mundo y modificar al mismo tiempo a quien lo produce y a quien lo comprende.

Analizar las características de la violencia estatal que surgen a partir de la segunda mitad del siglo XX en nuestro país es poner el foco en la convocatoria de las Fuerzas Armadas como guardianes del orden interno, es decir la militarización como medio de resolución de conflictos y una nueva concepción de la seguridad interna entendida como defensa nacional. La participación de las Fuerzas Armadas se produjo en un momento en que esta institución estaba atravesando transformaciones profundas en sus hipótesis de conflictos, pasando de la concepción de un enemigo externo a la construcción de un enemigo interno.

Los cambios del paradigma efectuado junto al desarrollo paralelo de la doctrina militar fueron apropiándose de estas nuevas formas de entender el conflicto social. En este sentido se articulan una serie de elementos: el uso de institutos de emergencia y la progresiva instalación de estados de excepción que permiten describir situaciones en las cuales lo excepcional se convierte en normalidad.

Pueblos del sudoeste tucumano

En febrero de 1975 a través de un decreto el gobierno nacional autorizó la intervención militar, primero en la provincia de Tucumán dando inicio al Operativo Independencia y luego en todo el territorio nacional, subordinando a las policías y las acciones ministeriales a las necesidades del Ejército en tres planos complementarios: acción represiva, acción cívica, y acción psicológica.

La represión desplegada en el Operativo Independencia y llevada a cabo a través de prácticas ilegales instauraron un escenario de violaciones a los derechos humanos que luego se aplicaron en el resto del país; prácticas que fueron impuestas en la provincia de Tucumán a dirigentes partidarios y sindicales, trabajadores azucareros, peones rurales, docentes, estudiantes, abogados, periodistas y a un número importante de víctimas a los que se perseguía en virtud de sus ideas y compromisos políticos.

La acción cívica, uno de los tres planos dispuestas por el gobierno de María Estela Martínez de Perón a través del decreto 261/75 instruyó a las fuerzas armadas, estableciendo en su artículo 5: “el Ministerio de Bienestar Social desarrollará en coordinación con el ministerio de defensa -comando general del ejército- las operaciones de acción cívica que son necesarias sobre la población afectada por las acciones de los militares”.

Esta disposición sienta el precedente de lo que vendrá después. La construcción de los cuatro pueblos fundados en la zona de operaciones donde se desarrolló el Operativo Independencia, tuvo como fin (fue) la reubicación de centenares de pobladores - mayoritariamente peones rurales junto a sus familias- que hasta ese momento vivían dispersos en las fincas azucareras de las zonas al pie de las sierras del Aconquija.

Los pueblos, fueron bautizados con el nombre de militares caídos: Teniente Berdina, Capitán Cáceres, Sargento Moya, Soldado Maldonado. La historia de estos pueblos, su proceso de construcción y el reasentamiento habitacional estuvieron atravesados por amenazas constantes de violencia física.

En los sectores rurales y en los trabajadores de la población tucumana recayó la mirada de la represión estatal y de las clases propietarias provinciales. Ese pueblo movilizado ponía en riesgo el orden y es allí donde se desplegó una vigilancia poblacional que implicó un control moral, religioso, familiar, identitario y civilizatorio con el fin de producir pobladores disciplinados, permitiendo asegurar su docilidad laboral, objetivo funcional a los intereses de las clases que dominaban la producción azucarera.

Escenarios como el de los cuatro pueblos, inaugurados durante la última dictadura cívico-militar y cuyo origen tiene vinculación directa con lo dispuesto en el decreto que dio inicio al Operativo Independencia, siguen existiendo con los mismos nombres, respetando en líneas generales sus diseños originarios. Este escenario permite comprender no solo la violencia estatal sino también los relatos que formaron parte de una narrativa en clave bélica. Relatos que construyeron realidades; una realidad que se encuentra en nombres, objetos, palabras, gestos, imágenes, sonidos y forman parte de esa articulación de acciones que remiten a un significado. Significados legitimados en la puesta en marcha de las acciones cívicas, como fue la construcción de los pueblos en el sudoeste tucumano.

Los juicios por crímenes de Lesa Humanidad iniciados en todo el país, lograron que muchos genocidas estén siendo juzgados y condenados, pero además estos juicios se convirtieron en una ventana para visibilizar los terribles crímenes cometidos en nombre de un Estado que sumergió en el terror a sus ciudadanos. Actualmente en Tucumán se lleva a cabo el 14° juicio: Operativo Independencia I, 2° parte; un Juicio que brinda la posibilidad como sociedad de deconstruir los relatos instalados para perpetuar la impunidad. Reescribir nuestra historia es empezar a liberar los significados del pasado y romper con aquellos relatos que imprimieron con terror y violencia los responsables del proceso de la violencia estatal que se inició con el Operativo Independencia en nuestra provincia.

lunes, 29 de junio de 2020

Cuando las ciencias sociales aportan a la justicia

Fotografía de Elías Cura


Por Mariela Ramos y Andrea Romero

El doctor en antropología Santiago Garaño considera que las ciencias sociales aportan reconstrucciones minuciosas de la lógica de la represión que nos ayudan a comprender cómo fue posible el ejercicio del terrorismo de Estado. Estas ciencias proporcionan una serie de historias y argumentos elaborados desde diversas disciplinas para la reconstrucción de una verdad jurídica sobre lo sucedido desde el inicio del Operativo Independencia -febrero de 1975 en Tucumán- y, posteriormente. en el golpe de Estado -marzo de 1976-. Las ciencias sociales pueden aportar una nueva manera de mirar la represión estatal así como sumar argumentos para la construcción de una verdad sucedida en el pasado reciente dictatorial argentino que colabora y complementa a la justicia penal, espacio en el que se juzgan estos crímenes de Estado.

El testigo de contexto es la figura jurídica entre el testigo y el perito. El testimonio brindado en el marco del décimo cuarto juicio por delitos de lesa humanidad -Megacausa 14- por la doctora en antropología Constanza Cattáneo, integrante del Ligiat -Laboratorio de Investigaciones Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán- posibilita que desde las ciencias arqueológicas y antropológicas  se logren reconstrucciones precisas. El aporte de sus trabajos de investigación da cuenta no solo de las maneras extremas de represión estatal sino de una trama de ocultamiento en un sector de la provincia durante el Operativo Independencia.

En la entrevista realizada para el diario del juicio, Cattaneo profundiza y aporta mayor información sobre el funcionamiento de un espacio de detención y tortura que no había sido considerado previamente a su investigación: la casa del tesorero del ingenio Santa Lucía - Monteros.

DE INGENIO A BASE MILITAR

La transformación del ingenio Santa Lucía en “La Base”, febrero de 1975 con la ocupación militar, tuvo un impacto muy grande en la población y en las 10 colonias ubicadas en las inmediaciones del pueblo que agrupaban a los trabajadores. ¿Cuáles fueron las prácticas que la población tuvo que modificar para adaptarse a la ocupación? ¿Hubo prácticas de resistencia de los pobladores y de los trabajadores de las colonias?

A nivel de práctica de la vida cotidiana hubo una modificación muy grande que tuvo que ver con la vida laboral, familiar y privada. Después del cierre de los ingenios, muchos de los ex trabajadores pasan a ser parte del Operativo Tucumán -estrategia implementada por la dictadura de Onganía (1968) con el propósito de palear a las consecuencias de su política azucarera sobre la población-. Los trabajadores ingresaban a una organización estatal como vialidad o la municipalidad. Algunos tenían que trasladarse a otra zona y en estos casos el ejército reguló muchísimo. Los trabajadores tenían que avisar en qué horario salían, se los requisaba en los colectivos o en los medios en donde se movilizaban. La vida cotidiana cambió, cambiaron los ritmos laborales: empezaron a operar los toque de queda, para circular en el pueblo siempre tenían que llevar el DNI y Los  trabajadores del surco tenían un carnet emitido por el ejército. Y cuando comenzaron los secuestros el impacto fue fortísimo en la población en su conjunto.

Respecto a la resistencia, en los inicios del Operativo Independencia (1975) y en el primer año de la dictadura el nivel de represión era tan grande al igual que el terror que se había infundado en la población que, al menos en mi investigación, no detecté en ese periodo muchas acciones de resistencia. Después en el año 76 o 77 un gran número de pobladores de Santa lucía es obligado a participar en la construcción de los pueblos armados por (Antonio Domingo) Bussi como por ejemplo Teniente Berdina. Ahí empieza una serie de  acciones de  resistencia: los trabajadores hacen una especie de huelgas que les trajo consecuencias como algunas represalias y la detención.

En este contexto represivo se entiende el proceso de relocalización de los habitantes de las colonias como desplazamiento forzado, es decir, una migración mediada por la violencia ¿cómo vivieron esa experiencia los habitantes?

Fue un corte muy abrupto en la vida de las personas que tuvieron que transitar ese desplazamiento. Les implicó abandonar el lugar donde habían vivido toda su vida y eso, obviamente, tuvo un impacto muy grande. Hay familias que tuvieron que vivir, entre los años 74 al 76, dos relocalizaciones porque primero eran parte de las colonias de Negro Potrero y desde ahí son trasladadas a Caspinchango. Después, cuando empezó el periodo más fuerte de la represión y desaparición de las colonias, algunos se trasladaron a Santa Lucia, otros se van a Buenos Aires. Hubo alguna forma de resistencia a esta manera de vida impuesta en algunos casos estas poblaciones iban y volvían, cultivaban algunas cosas que habían quedado en la colonia y volvían. Pero esto fue más adelante en el periodo más corto de la represión no en los lugares que habían sido relocalizados.

La transformación del ingenio Santa Lucía en “La Base” como espacio de detención y de tortura a partir de febrero de 1975 ¿permite no solo la detención de miembros de la llamada Compañía del Monte sino también de los trabajadores de las colonias y sus habitantes?

En relación al tema de las detenciones la mayor parte de las entrevistas realizadas a sobrevivientes dan cuenta de que las detenciones no son solo a miembros de la compañía del monte sino que los que transitan por la base de Santa Lucia mayormente eran familias trabajadoras, trabajadores de las colonias, ex trabajadores del ingenio, y mucha población de Santa Lucia. Algunos tienen detenciones de un día o dos días y son liberados, pero un gran porcentaje de su población sufrió algún tipo de detención, con lo cual el discurso de que la base era por la compañía del monte se cae.
Tu testimonio en el juicio resulta significativo ya que tu investigación doctoral devela la existencia de un espacio que no había sido considerado como espacio de detención y tortura: la casa del tesorero ¿podrías hacer una descripción de dicho espacio?
Cuando inicio mi trabajo de investigación todos los relatos en Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) y ante la Comisión Bicameral mencionaban estrictamente como centro clandestino solo el sótano de lo que había sido el depósito de bolsas de azúcar del ingenio Santa Lucía. Incluso en juicios anteriores el lugar de inspección estrictamente había sido el sótano. En mi tesis de grado analizo ese espacio más que nada. Pero cuando profundizo mi investigación doctoral empiezo a recabar otros testimonios que mencionaban otras instalaciones que habían sido anteriormente la casa del tesorero y que era un espacio adyacente al sótano. Entonces, lo que inicialmente se pensaba que era el centro clandestino se amplió con estos testimonios.

Es entonces que se implementa otro tipo de análisis para recabar información sobre ese espacio. Uno de los análisis importantes que se hizo fue el de BLUESTAR que dio como resultado sangre latente positivo. Sangre latente significa que se identifica sangre de ciertos mamíferos y hay un segundo análisis que revela que no es solo de mamífero sino que la sangre que se encontró es humana. Los reactivos utilizados son para crímenes actuales no está ajustada la reacción química para estos contextos donde ya pasaron más de 40 años tiempo en el que la sangre se va degradando. Hice esa aclaración en el juicio porque es importante para la validez judicial.

Los calabozos que pertenecen a la casa del tesorero señalada como centro clandestino son 5. En tres de ellos (1, 4 y 5) se realizó el análisis, los otros dos (2 y 3) actualmente pertenecen a una vivienda particular. En esos tres que te digo, dio positivo a sangre latente.

LOS HIJOS CLANDESTINOS DE LA REPRESIÓN

A partir de tu testimonio en el juicio introducís la perspectiva de género al referirte a los graves ultrajes sufridos por las mujeres de las colonias y de la población de Santa Lucía ¿cuáles fueron las acciones llevadas a cabo por las fuerzas represivas hacia las mujeres?

Además de lo que mencioné en el juicio, después del secuestro de sus maridos se llevaban a cabo  acciones de violencia sexual contra muchas de las mujeres de la población de Santa Lucía. Hubo distintas formas de coacción de los militares, por ejemplo uno de los casos que me relataron es de una vecina cercana a la base que apenas llegan los militares le dicen ‘vos te vas a dedicar a cocinar cantidad equis de comida para los soldados’, y no había forma de negarse a esa coacción. Ahora estoy con una beca posdoctoral y la idea es profundizar estrictamente sobre ese aspecto. Otra de las cosas que se mencionaron, no solo para Santa Lucía sino con varias otras localidades del sur de la provincia, es la cantidad de hijos de miembros del ejército. Hay una población que tiene alrededor de 40 y pico de años que son hijos de militares.

La ocupación militar y las formas de coacción fueron generando distintos tipos de formas de vincularse entre los militares y las mujeres. Por ejemplo se dieron relaciones consentidas entre soldados conscriptos y mujeres de esa población que tuvieron hijos, pero después los soldados se fueron de ahí. También están los hijos productos de violaciones. Este es un tema que se habla muy poco, después de muchos años de trabajo me empezaron a contar algunos datos sobre eso y pude constatar que hay una generación de hijos de miembros militares que van desde los altos mandos hasta los soldados conscriptos. Eso es más algo que surge subterráneamente y es una realidad que también es parte de lo que fue la ocupación militar durante el operativo independencia y la dictadura.


***


La doctora Constanza Cattáneo al concluir la entrevista destaca que su investigación en los inicios era demostrar la responsabilidad empresarial, pero no solo eso sino también lo que había sido el impacto sobre las poblaciones trabajadoras de estos lugares. El objetivo iba más allá de eso y está claramente visto en la cantidad de secuestros que hay de los trabajadores del surco, de los ex trabajadores del ingenio. De ese grupo de trabajadores organizados que eran vistos como una amenaza por el ejército y todo el entramado de la represión estatal.

También otro de los objetivos de la represión estatal fue el aniquilamiento de una identidad política ya que los pobladores tenían un fuerte compromiso y una fuerte organización política que se muestra en todas las acciones de las décadas previas. En su relato destaca que se olvidó de mencionar en el juicio que el icono de resistencia del cierre de los ingenios fue Hilda Guerrero de Molina, esposa de uno de los trabajadores del ingenio Santa Lucia quien representa esa fuerte organización y la gran tradición que tenía el sindicato y los trabajadores de Santa Lucia y sus alrededores.


martes, 16 de junio de 2020

Nuevo escenario para la memoria, verdad y justicia



Por Mariela Ramos y Andrea Romero

La vida social que llevan los sujetos es una vida donde las ideas de controlabilidad, certidumbre, seguridad y previsibilidad han colapsado irreversiblemente, tal como sostiene el sociólogo Zygmun Bauman. En ese sentido  la pandemia que asola a las sociedades contemporáneas transformó las prácticas de vinculación social reconfigurando los escenarios donde aquellas tenían lugar. En esta dinámica, los espacios, sedes de cambios constantes, encuentro de consensos y disensos, se mantienen o se transforman al mismo ritmo que la vida en sociedad impone. Por ello habrá que construir nuevas estrategias de inserción social que difieran de las que conocemos hasta hoy porque la sociedad no es la misma y los sujetos tampoco lo son.
La sala de audiencia como espacio público y su uso a partir de los actores sociales, se ve interrumpida por la nueva problemática social resultante de la pandemia, lo cual implica proponer nuevas condiciones de posibilidad mediadas por el uso de las tecnologías, materializando nuevas formas de relación entre los actores a partir de las tecnologías disponibles y dando lugar a nuevas formas de pensar la complejidad social.
La sala del Tribunal Oral Federal de Tucumán en el marco del 14° juicio por delitos de lesa humanidad, es el escenario de una experiencia compartida a nivel subjetivo, una instancia de interacción que da como resultado un nuevo tipo de construcción de intersubjetividad. En este sentido, los juicios tampoco escapan a esta transformación y asistiremos a las audiencias mediante su versión on-line. Este contexto nos pone en el lugar del vínculo través de la virtualización, pero hay un escenario que no se modifica en cuanto a su objetivo y finalidad: la búsqueda de verdad y justicia; que los genocidas sean juzgados y cumplan sus condenas en cárceles comunes.
En una fallida audiencia virtual efectuada el jueves 11 de junio, donde se evidenció las falencias ante la falta de manejo en la aplicación de las tecnologías, el tribunal tomó la decisión de suspenderla, estableciéndose la misma para el día miércoles 17 de junio a hs 10, en una audiencia de prueba, con la participación de todas las partes para verificar las condiciones de conectividad. Asimismo, se reprogramó el inicio de las audiencias para el jueves 18 de junio a hs 9.30.
“Estamos transitando un momento de pandemia que nos obliga a quedarnos en nuestra casa para cuidarnos, pero eso no significa que las abuelas estemos paralizadas. Nosotras y nuestros equipos estamos trabajando en nuestros domicilios y sobre todo seguimos teniendo el imperativo urgente de seguir buscando justicia y a los nietos que nos faltan. La pandemia no nos detiene, la justicia tiene que llegar”, el pedido de la reapertura de los juicios en palabras de Estela de Carlotto, actualizó el debate.


jueves, 19 de marzo de 2020

Crímenes de Estado

Fotografía Elías Cura


Mariela Roxana Ramos

En la sala de audiencias, aún vacía, recuerdo las palabras de Ernesto Sábato, quién presidió la Comisión Nacional de Desaparición de personas, en sus siglas CONADEP: “Éste sufrimiento de seres humanos que lloran aquí por sus hijos, por nietos, por hermanos. ¿Cuánto más tendrían que sufrir los argentinos para poder comprender esta tragedia inmensa que llenó de tinieblas la vida de la República?

Tucumán fue epicentro de la represión más intensa en el interior del país. Centros clandestinos como la Escuelita de Famaillá, el Arsenal Miguel de Azcuénaga, el ingenio Nueva Baviera, entre otros,  forman parte de los más terribles relatos.

La acción sobre los cuerpos está centrada en el suplicio como técnica de sufrimiento. Apoderándose de los cuerpos en el ritual de los suplicios”, el pensamiento de Michael Foucault recorre la lógica de una sociedad disciplinaria, desde su panóptico todo puede ser vigilado y castigado.

Los testimonios de las víctimas documentan la existencia de centros clandestinos de detención y desaparición de personas, certifican que los detenidos estuvieron confinados en esos lugares, identifican a los protagonistas de crímenes de Estado cometidos contra miles de argentinos y argentinas.

En la reconstrucción del relato histórico, la familia Pereyra, participa uniendo fragmentos de una “arqueología de la crueldad y el horror”.

TESTIMONIO DE CARLOS ALBERTO PEREYRA

Es hijo de Alberto Pascual Pereyra, en su relato expresa: “Yo tenía doce años, estuve más de un mes detenido. Estuve detenido en el ingenio que está en Famaillá, el ingenio Nueva Baviera.” Refiriéndose a la situación de su padre explica: “Yo lo oí en la tercera o cuarta noche, después no lo escuché más a mi padre. Pregunté por él, pero nadie me decía nada. El año pasado identificaron sus restos en el Pozo de Vargas”.

TESTIMONIO DE JUAN CARLOS PEREYRA

Su relato comienza con la descripción de su parentesco con Alberto Pascual Pereyra: “Es mi tío, hermano de mi madre. Crecimos como hermanos, hermanos de crianza.” A continuación relata los acontecimientos de los días jueves 14 de octubre de 1975 y lunes 18 de octubre del mismo año: “El jueves 14 de octubre me dijo mi hermana Julia Pereyra que a las tres de la mañana se llevaron los militares a mi hermano, le dijeron además que si seguía preguntando la iban a hacer desaparecer. El lunes 18 de octubre, después de presentar un presupuesto, me dirijo a tomar el colectivo para regresar a mi casa, en la esquina un camión del ejército me para, me pide documento y me dice '¡este había sabido ser hermano del terrorista!’. Me pegan un culatazo en la cabeza, veintinueve días estuve detenido”.

Los testimonios de las víctimas permiten saltar un muro de silencio. El hablante se inscribe permanentemente en el interior de su propio discurso y al mismo tiempo inscribe allí al “otro”. Nombres con el tiempo y el espacio suspendidos, actualizados en la palabra que quiere ser oída.

lunes, 16 de marzo de 2020

La ex - Jefatura como Sitio de Memoria




Por Tina Gardella

Lo pide una mujer no sólo en su calidad de víctima y sobreviviente. Ha vuelto en estos días a ese sitio donde estuvo secuestrada y violentada cuando la sacan de su casa en mayo del 76 y donde hoy funcionan áreas de Educación.

Ha vuelto a Tucumán para testimoniar. La sala ha sido desalojada como exige el protocolo de asistencia y protección a las víctimas de violencia sexual en los centros de detención.

Habla de lo que le pasó  y les pasó y de lo que le hicieron y les hicieron. Y toda la narración tiene la matriz fundamental de la separación mente-cuerpo como estrategia material y simbólica para resistir y hacer frente a la perversidad.

Esa estrategia estuvo presente no solo en el relato de las humillaciones de ser y sentirse violentada en múltiples ocasiones, sino además en la interpretación de las condiciones de producción de esa propia estrategia de resistencia.

Entiende que esa estrategia fue producto no sólo de cierta organicidad de su militancia sino sobre todo del  trabajo de promoción educacional que realizaba en tanto las políticas públicas del estado tenían una clara definición en favor de los sectores más humildes. Por eso esperaba en la tortura la pregunta que nunca llegó acerca de lo que hacía o a lo que se dedicaba. Por eso tiene la certeza de que se quería eliminar no solo a las organizaciones armadas sino a toda ideología que consideraba al estado como actor fundamental ante las desigualdades sociales. El canto de la marcha radical de uno de los secuestrados en Jefatura era un claro ejemplo de la amplitud política del objetivo a eliminar.

Su relato aporta la frialdad y desprecio en los nombres de victimarios y la ternura extrema de quienes padecieron junto a ella o a quienes conoció en el cautiverio. La colchoneta compartida con Gloria Curia y el recuerdo hacia el adolescente santiagueño Alberto Lescano solo quiebran un momento su recuerdo.

Con dolor muestra las fotografías que tomó recientemente para señalar con total precisión el lugar de las celdas, el salón amplio y las duchas donde hoy está la playa de estacionamiento y algunas oficinas. Con consternación señala que la sala de torturas es hoy una oficina –“una oficina de Educación” recalca - donde se tiran trastos, muebles rotos, cosas en desuso...

Eso éramos quizás, trastos. Pero nosotros existimos. Los que nos están, existieron y lucharon. No sé de qué manera testimoniar pero vengo a representarlos con toda la humildad del mundo. Por ellos, por los que estuvieron vengo a pedir que la ex Jefatura de Policía sea Sitio de Memoria. Estos son momentos cruciales porque vienen otras generaciones que son más inteligentes y amplios que la nuestra. Hacen mejor las cosas. Seguro re significan nuestras luchas. Yo estoy aquí para certificar que nuestros compañeros estuvieron allí, que somos las palabras de ellos y que como no nos han vencido, pido en nombre de ellos, el Sitio de Memoria Jefatura de Policía.”

Posdata: es difícil traducir la entereza de la testigo. Es muy difícil escribir cuidando no herir o generar aún más dolor. Quiere este texto solo abrazar la valentía del compartir y el compromiso intacto de generación en generación.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Cuando los duelos se atreven a doler demasiado

Fotografía Elias Cura

Por Andrea Romero
Cuando un ser querido ya no está con nosotros solemos aplacar esa ausencia con recuerdos, fotos, regalos que alguna vez nos hizo, ropa que solía usar, anécdotas que nos regalan sus amigos y otras formas y maneras a las que acudimos para llenar el vacío que nos dejaron. Para reivindicarlos. Para tenerlos presentes. Atenuantes para sobrellevar el dolor. Maneras que tenemos de realizar el duelo de la pérdida, de la ausencia.

Sonia Mabel Pereyra entró a la sala de audiencia luego de que declararan su hermano y su tío. Llevaba en sus manos una foto en blanco y negro que no se pudo divisar desde la pecera- el espacio donde periodistas presencian la audiencia- a quienes representaba. Estaba sentada frente al Tribunal para dar su testimonio sobre el secuestro de su mamá Teresa, su hermano Carlos y su papá “Peto”.

Ante las preguntas de rigor que tiene como ritual efectuar la fiscalía, Mabel contó que tiene 44 años, la misma cantidad de años desde que se efectuó el golpe de estado el 24 de Marzo de 1976. En cuanto a lo que sabe sobre el secuestro y desaparición de Peto Pereyra, destacó que al principio no le contaron qué había pasado con su papá, sino que fue reconstruyendo la historia mediante el relato que sus familiares le transmitían; algo muy habitual en las familias que sufrieron el embate de la maquinaria represiva de las fuerzas armadas.

En paralelo a la reconstrucción de su historia, contó que buscó durante 43 años a su papá para saber qué pasó. “Quería saber si podía encontrar en algún lado a mi padre, ya sea vivo, perdido o muerto” dijo. Encontrarlo, sin importar cómo. En octubre de 2018 los restos de su padre fueron identificados en uno de los pozos de Arsenales. “Fue un logro”, sostuvo al referirse al reencuentro con esos restos después de tantos años, “tuvimos la suerte dentro de la catástrofe que nos pasó”, contó mientras se le quebraba la voz. “Ya tenemos parte de él con nosotros y pudimos saber cuál fue su final, algo que siempre me había preguntado”.

El silencio por miedo

El secuestro de su mamá y su medio hermano se produjo en la casa donde vivían en la ciudad de Concepción a diferencia de su papá Peto, quien fue secuestrado de su lugar de trabajo. Su hermana mayor y ella quedaron en la casa de una vecina cuando se llevaron a su mamá que días después fue liberada.

A Teresa, después del secuestro, le costó mucho seguir con la vida y sobretodo hablar. “Fue una vida difícil, tanto para mis hermanos como para mi madre. Fue duro. Cuando fui grande entendí los miedos que tenía mi mamá que hasta el día de hoy le cuesta hablar de lo que le pasó”, dijo Mabel ante la sala de audiencias.

La catástrofe social que produjeron las fuerzas represivas tuvo consecuencias en diferentes generaciones a las que nos alcanzan los dolores. El arrebato de seres queridos que sufrieron miles de familias llevó a que encontrar los restos fuera tomado como “un logro” por los familiares. Porque ante la incertidumbre, la certeza de “saber cuál fue su final” como dijo Mabel en relación al hallazgo de los restos de Peto, aplaca esa ausencia, ese dolor que la acompañó durante años y años de búsqueda de su papá. Un duelo que se atrevió a dolerle demasiado.


martes, 10 de marzo de 2020

Gracias a ustedes

Fotografía Elias Cura

Por Belén Castellanos
Hace un par de semanas declaró Juan Martín, un testigo que ya lo había hecho en juicios anteriores. Era viernes, minutos más de las 10 de la mañana en la sala del Tribunal y el testigo tomó contacto por videoconferencia desde Buenos Aires para declarar. Un minuto después, el fiscal le pidió que hable sobre el imputado Miguel Ángel Orlando Chaile y sus funciones en el centro clandestino de detención que funcionó en Jefatura de Policía, donde Martín estuvo detenido. El testigo recordó a dos oficiales con ese apellido, “eran padre e hijo”, dijo y agregó: “el primero estaba en el sector de información confidencial con (Roberto Heriberto) Albornoz y el otro no tenía capacidad de mando, era operativo”.


Entre las víctimas, en esta megacausa, se encuentra Dardo Molina, quien al momento de su secuestro era el vicegobernador de la provincia. Juan Martín contó en una declaración previa que lo vio detenido en la Jefatura. En esta oportunidad, el testigo, repasó las circunstancias en que lo vio, comenzando por su propio secuestro. Contó que el 14 de Agosto de 1976, fue secuestrado y llevado a la Jefatura. Que luego de un tiempo de haber pasado por torturas fue trasladado a la “zona de los calabozos”, donde vio a Molina. “Estaba muy golpeado, con heridas en la cabeza, como cuando a uno lo golpean con algo fuerte”, describió. Tenía los ojos vendados y no intercambió palabras con él, tampoco supo desde cuándo estaba ahí pero todavía recuerda haberse sorprendido mucho porque era “un personaje político fuerte” y no esperaba verlo en esa situación.

El testigo fue preciso y breve en sus respuestas. Contó que a fines del 76 lo trasladaron a lo que pudo reconocer con el tiempo como el Ingenio Nueva Baviera, otro centro clandestino de detención, y desde ese momento nunca más supo de Dardo Molina.

Pasó ya media hora y en la sala el cartel de Dardo se mantuvo todo el tiempo erguido por su hija Josefina Molina, quien en febrero de 2014 confirmó que los restos hallados en Pozo de Vargas eran de su padre. La identificación estuvo en manos del Equipo Argentino de Antropología Forense. Juan Martín terminó de declarar “gracias a ustedes. Memoria”, fueron las últimas palabras al concluir su declaración.

Las audiencias se realizan jueves y viernes a partir de las 9.30 de la mañana. Para asistir sólo es necesario ser mayor de 18 años y presentar el documento de identidad.

viernes, 6 de marzo de 2020

Sanación, reparación, restauración


Fotografía Josefina Molina. Pozo de Vargas

Por Tina Gardella
A las 10.05 de la mañana del jueves 04 de marzo entra a la Sala de Audiencias Ana María Muñoz. Lo viene haciendo desde el primer juicio. Pero esta vez se encamina hacia el lugar de los testigos. Es hija de Osbaldo Muñoz, secuestrado y desaparecido en mayo del 76. Su caso, junto al del ex senador Dardo Molina son los únicos dos que se ventilan en juicio oral y público por primera vez. De oficio sastre, la figura de un hombre de 45 años, alto, delgado, de bigotes, es recordada por su hija como ese padre que fue sacado violentamente de la cama por cerca de 20 personas vestidas de civil que al grito de “Ejército Argentino” obligaron a apagar la luz, se robaron radio, reloj, las cosas de la heladera y partieron raudamente. La familia –compuesta por Osbaldo, la mamá Nilda y los 3 hermanos-, vivía en el emblemático Barrio Victoria y alquilaba piezas. Una de ellas estaba ocupada por una pareja que vivía con sus 2 niños. Con el tiempo pudo saber que se trataba de Abel Herrera y Georgina Simerman, desaparecidos en Tucumán; en un Juicio, conoció a uno de esos hijos que brindó testimonio. Los restos de Osbaldo Muñoz fueron encontrados en el Pozo de Vargas en 2016. Por eso Ana María finalizó su testimonio con la foto del padre que llevaron y la del padre que le entregaron.

También atestiguó por el caso María Cecilia Muñoz. Como hermana mayor tuvo que hacerse cargo de la familia mientras su madre buscaba a su padre y sus hermanos menores acusaban recibo de lo sucedido. Aportó más detalles sobre el trabajo de sastre de su padre –heredado de su abuelo- y sobre los secuestros y detenciones que también se realizaron en otras familias del barrio como Mercado, Vega y Palavecino. Su madre siempre reconoció al “Tuerto” Albornoz como quien anduvo esa mañana del secuestro preguntando por el sastre para encargarle un trabajo y relacionando ese hecho con la negativa de la Comisaría a tomarle la denuncia.

Oscar Orlando Palavecino fue el tercer testimoniante. Con su voz y sus gestos trajo el interior jornalero del azúcar. Trajo las realidades sociales, políticas y económicas de la zona (“vivía en Caspichango, en Frías Silva, hachaba caña”); trajo las relaciones con sus creencias (“me secuestran el 16 de agosto día de San Roque”); trajo el terror ensañado de los CCD (“no se cansaban de torturarnos en la chimenea mota de Caspichango y en el Arsenal, hasta que nos liberan desnudos en Tapia después de 4 meses”); trajo nombres (“me llevan junto a Ramón “serrucho”  Castellanos, en Arsenales estaban Rocha, Moyano, Quinteros y Rosario “la ñata” Monasterio que servía la comida”); trajo el dato revelador (“en el Arsenal estaba a la par de mi lugar, un señor que era sastre, que temblaba cuando se acercaban a llevarnos por la monstruosidad de las torturas que nos daban”).

Patricia Matilde Macor fue la siguiente testimoniante. Su hermana Susana y su esposo Leandro “Parche” Díaz fueron secuestrados el 27 de mayo de 1976 de su domicilio en Rivadavia al 600. Susana estudiaba en la Facultad de Agronomía. Tenían un hijo de 1 año que luego Patricia adoptó y se constituyó en su hijo mayor. Junto a Leandro desapareció también su hermano José Américo. Testimonios aseguran haberlos visto en la Jefatura de Policía y luego en la Escuelita de Famaillá. El relato de Patricia es el relato de muchas familias víctimas del secuestro, desaparición y muerte de un ser querido. Su testimonio fue un claro ejemplo del proceso paralelo que sufrieron desde el no saber y no querer saber como mecanismo de defensa hasta conocer fehacientemente que se trató de un verdadero plan orquestado de aniquilamiento y exterminio; y junto a ello el paso de considerarse responsables de lo sucedido a reconocerse como también víctimas de ese plan. Al erigirse como representante de una familia victoriosa en tanto no aceptan la desaparición ni el olvido, emocionó a la sala al hablar de sus miedos y temores en la adopción de su hijo, del milagro de tenerlo y no ser un nieto al que se busca,  de constituir una familia unida en el dolor y por encima de la perversidad del carácter de desaparecida de su hermana Susana. Apeló a la importancia del obrar con conciencia, del mínimo arrepentimiento que espera de los acusados y de poder por fin, encontrar los restos de sus familiares queridos.

José Almerico desapareció un 10 de abril de 1976. Su hijo José Antonio Almerico tenía 9 años. Es el último testigo de la audiencia. Relata que su padre era camionero de la zafra y repartidor de gaseosas. Lo secuestran un sábado de mucho movimiento: había bingo en el Club Central Norte. Vivían en Marcos Paz al 1.900 y a las 14.30 un grupo de hombres vestidos de verde irrumpió a la casa y se llevó a su padre. La escena de violencia contra su madre, su abuela y su pequeña hermana de 1 año es recordada nítidamente en tanto niño que miraba lo que sucedía y niñita que lloraba, los golpes y amenazas con armas no es algo esperado recibir precisamente  por parte de los adultos. A eso se le sumó el incendio intencional del camión de su padre que estaba estacionado frente la casa. La vida fue dura para la familia. Su madre tuvo que salir a trabajar y él con sus 9 años a buscar por calles algún cacharro que se pudiera vender como chatarra. Las amenazas a la familia fueron continuas en el afán de evitar denuncias y declaraciones. Y el terror trajo consecuencias dolorosas en las relaciones: compañeros de la escuela que lo evitaban, amigos que no estaban en la casa cuando los iba a buscar. Al finalizar, expresó su gratitud por poder expresar lo que sentía: “Es un momento muy esperado por mí…porque siempre pensé, qué maldad podía hacer con mis 9 años para que me pegaran y apuntaran con el arma?”

jueves, 5 de marzo de 2020

Un tiro en la cabeza, desde atrás



Por Valeria Totongi
Omar Torres declaró por primera vez sobre las torturas, secuestros y ejecuciones en Tucumán hace ya 36 años. Lo hizo ante la Conadep, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, cuando apenas había pedido el retiro de la Gendarmería y hacía poco había caído la dictadura.  

Desde entonces, contó ante cuánto organismo nacional o internacional estuviese dispuesto a escucharlo, ante sobrevivientes, familiares de desaparecides, ante jueces y querellantes, y ante los mismos genocidas. Todas las veces, la misma verdad: las torturas, los secuestros, las ejecuciones, los cuerpos calcinados para evitar que los encontraran.  

Su testimonio fue fundamental para encontrar las fosas donde quemaban los cuerpos de las personas secuestradas en el Arsenal Miguel de Azcuénaga, el centro de secuestro, tortura y exterminio ubicado sobre la ruta 9, en Tucumán. Entre 1976 y 1977, estuvo en el Arsenal en tres períodos diferentes. Se ocupaba de la custodia externa del predio alambrado dentro del cual estaba el Galpón 9, donde mantenían a unas 60 o 70 personas secuestradas, hombres y mujeres, adultos, jóvenes y adolescentes.

Allí, vio cómo Antonio Domingo Bussi, dos veces gobernador de Tucumán –una como gobernador designado por la dictadura y otra, elegido por el voto de los tucumanos- ultimaba con un tiro en la nuca a los prisioneros.

El jueves 27 de febrero, Torres volvió a declarar en Tucumán esta vez, en la causa Tártalo, o, como se la conoce, “Operativo Independencia II”. Es posible que ya no se acuerde de cuántas veces lo contó, pero el relato sigue consistente: El grupo de gendarmes venía cada 60 días a Tucumán, desde Campo de Mayo (donde prestaba funciones). Los interrogadores rotaban cada 15 o 20 días, eran militares y policías que iban también a Rosario, Mendoza o Córdoba. Los oficiales que estaban con Bussi eran quienes realizaban las ejecuciones. Llegaban al Arsenal en grupos de 20 o 30. Los prisioneros se arrodillaban en el borde de las fosas y los oficiales se paraban detrás de ellos. Cada oficial ejecutaba a un prisionero, con un tiro en la cabeza, desde atrás. Atados, con los ojos vendados, arrodillados, desde atrás.

Los nombres de los ejecutores también van saliendo en el relato de Torres: Barraza, Apestey, Montes de Oca, Lafuente, Rivero, Palomo… Sobre aquellos que no figuran en ningún registro que pruebe que estuvieron destinados en Tucumán, en esa época, cabe la posibilidad de que sus papeles se hayan “perdido”, aseguró el ex gendarme: La propia Gendarmería se encargaba de borrar los destinos cuando los mandaban a Tucumán o a otros lugares donde hacían tareas que no podían conocerse. Arrancaban las hojas para que no quedara registrado.