miércoles, 22 de marzo de 2017

Relato 350

Por Hugo Hernán Díaz para El Diario del Juicio

Mario Ernesto Medina tiene 65 años, ingresa rápidamente a la sala principal del Tribunal Oral Federal de Tucumán y tras algunos inconvenientes con el micrófono comienza a declarar.
El C.P.N. recuerda haber iniciado el servicio militar obligatorio un 2 de febrero de 1976. El mismo tuvo lugar en el Comando de la V Brigada de Infantería y sus tareas eran generalmente las de limpiar pisos y baños. Junto a él iniciaron el servicio militar un grupo de 90 profesionales (contadores, biólogos, abogados, etc.) entre los que se encontraban Raúl Topa, Alberto Nova, Jorge Jiménez, Raúl Fiori, Oscar Castillo, entre otros. Estos conscriptos presentaban una particularidad, por las noches eran enviados a dormir a sus hogares.
Fue un 24 de marzo de 1976 cuando curiosamente les habían pedido que se queden despiertos. En esa madrugada se inició el golpe.  Aproximadamente a las 4:30 de la mañana el teniente coronel, Mario Albino Zimmerman, Jefe de la Policía, solicitó 4 abogados y 4 contadores. Los sacaron de sus viviendas y los condujeron en un colectivo militar al subsuelo de la Casa de Gobierno de la provincia. Allí los tuvieron hasta las 9:30, horario en el que serían trasladados a la sede de Fiscalía de Estado. En este lugar fueron recibidos por José Roberto Abba (uno de los imputados en el actual juicio). Pasada una hora de tenerlos parados sin mencionar palabra alguna e incluso sin levantar la mirada Abba soltó su lapicera azul y comenzó a insultarlos, en un franco intento de intimidación. “Vestía de uniforme de combate y botas oscuras. Tenía un particular manojo de llaves con una cruz esvástica”.
En Fiscalía, “el mudo”, como los conocían sus compañeros de militancia universitaria, se desempeñó como contador. En relación a este lugar agregó, “era como la época de Hitler, las relaciones eran totalmente verticales”, sumando a esto que vio personas estaqueadas en esa institución.
El 28 de mayo de ese año Medina fue secuestrado de la casa de sus padres. Habían rodeado la vivienda, se llevaron libros y a sus padres les dijeron que debían detenerlo para averiguar sus antecedentes. A continuación de su secuestro levantaron a un señor quien era sastre del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y a una chica. Los tres fueron llevados a la facultad de Educación Física.
Luego de estar cinco días en la EUDEF (actual FACDEF), fue trasladado al centro de detención clandestina Arsenal Miguel de Azcuénaga. En este lugar era constantemente golpeado, lo acusaban de formar parte del ERP, sin embargo Medina solo tenía militancia universitaria. “Allí me quemaron la cara y los genitales”. Fueron 101 días en total los que estuvo secuestrado. Además de las torturas constantes, Medina contó que permaneció inmerso en un profundo dolor que debilitó su voz que durante ese lapso de tiempo se bañó dos veces y fue rapado porque tenía piojos.
Aquel joven conscripto recuperó la libertad el quinto día del mes de septiembre. No obstante dos días posteriores a su liberación se le comunicó que debía volver al servicio militar. En esta oportunidad se le asignaría la tarea de cuidar a 38 presos comunes que provenían de la cárcel de Villa Urquiza.

Una vez que fue dado de baja comentó Medina que lo seguían a todas partes e incluso le intervinieron el teléfono hasta el gobierno de Alfonsín.

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