martes, 7 de marzo de 2017

El maestro de pueblo

Por Exequiel Arias para El Diario del Juicio

Archivo H.I.J.O.S. Tucumán
Lorenzo Nolasco Medina relató al Tribunal que en el año 1975 vivía en Buena Vista (Simoca) junto a su padre, madre y ocho hermanos. Pedro Antonio Medina era el mayor, trabajaba como maestro y se había casado con Ana María Mrad unos días antes de su secuestro. “La última vez que lo vi fue el 30 de enero” dijo el testigo. Según la declaración, Pedro se encontraba en Simoca, sobre la ruta 157, y se dirigía a la ciudad de San Miguel para visitar a su suegro. Vecinos del lugar le comentaron a la familia que vieron por última vez a Pedro cuando subió a una camioneta rastrojera, frente al cementerio de la zona.
Lorenzo contó que no recordaba si su hermano tenía actividad política. Sin embargo, según consta en un expediente de la causa “Operativo Independencia” (401015/2004), Pedro Antonio militaba en Montoneros. De acuerdo al mencionado expediente, el 9 de febrero de 1975 dos vehículos particulares interceptaron a la rastrojera blanca en la que Pedro se trasladaba junto a Guillermo Eduardo Díaz Nieto y José Teodoro Loto, también integrantes de la organización. De los vehículos bajaron varios policías de la provincia y forzaron a los tres hombres a subir a uno de los coches. Posteriormente, se cree que fueron trasladados a la Delegación Tucumán de la Policía Federal, donde habrían sido torturados hasta morir.
El testigo contó al Tribunal que, en torno a la fecha del secuestro, la familia temía realizar denuncias por el clima político y social que se vivía en la provincia. En lo jurídico, presentaron un hábeas corpus en el año 1981. Sin embargo, jamás tuvieron noticias de Pedro o de su compañera, Ana María, quien también fue secuestrada meses después en el ‘75.


El circuito del terror
Desde Comodoro Py, Rubén Clementino Ferreyra contó al público todo lo que recordaba sobre su secuestro. En el año 1975, vivía en el Ex Ingenio San José. Trabajaba para una empresa que construía los instrumentos y la maquinaria para la industria azucarera y no participaba en actividades sindicales ni tenía participación política. El testigo relató que el 3 de mayo de ese año se encontraba junto a su esposa y su suegra -Argentina Irene Pérez y María Murúa, respectivamente- en la casa de esta última en Yerba Buena. Por la madrugada, irrumpieron en el domicilio hombres vestidos de civil, que no portaban armas pero que aseguraban ser de la policía. “Ingresaron rompiendo la puerta a golpes”, recordó el testigo, “no mostraron ninguna orden, destrozaron cosas, nos trataron mal”. Rubén Clementino narró que le pusieron la funda de una almohada en la cabeza y lo subieron a un vehículo. No sabe con certeza, pero cree haber sido el primero al que secuestraron, ya que luego recorrieron otros lugares para “cargar” a más personas en el automóvil.
Tal como ocurrió a muchas víctimas del terrorismo de Estado durante el Operativo Independencia, Rubén Clementino fue trasladado a distintos lugares a lo largo del circuito represivo. En primera instancia, fue llevado al CCD ubicado en la Escuela Diego de Rojas, conocido como “La Escuelita de Famaillá”. Allí, relató, lo tuvieron durmiendo en el piso en condiciones higiénicas lamentables y fue víctima de malos tratos por sus captores todo el tiempo. El testigo contó al Tribunal que fue sometido a los temidos interrogatorios, donde sufrió sesiones de tortura y picana eléctrica en la boca y en los testículos, además de recibir fuertes golpizas en el cuerpo y en el cráneo. En una oportunidad, recordó, le asestaron un golpe tan fuerte en la cara que le quebraron el tabique de la nariz. También relató que escuchaba los gritos de dolor de otros detenidos en aquel lugar.
Desde la Escuelita, Rubén Clementino fue llevado al CCD Jefatura de Policía, donde le sacaron la funda que le cubría la cabeza y pudo reconocer a Roberto Heriberto Albornoz. El genocida, que era conocido en San José, recibió a Ferreyra y firmó un informe donde se asentaba que el testigo fue “conducido por las fuerzas ‘TAREA’ y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional”. Un tiempo después, el 23 de mayo de 1975, es trasladado a la unidad penitenciaria de Villa Urquiza, donde se registró su ingreso “a disposición de PEN” por “Enc. Elementos del ERP”, según se lee en la “Nómina de Personal Subversivo puesto a disposición del PEN”, documento de la época. De allí fue llevado a Resistencia (Chaco), donde también fue víctima de golpizas y torturas. Finalmente, fue trasladado a la Unidad Penitenciaria de La Plata, lugar en el que se entrevistó con el Juez Mario Martínez y donde le fue concedida la libertad el 3 de octubre de 1979.
En total, Rubén Clementino estuvo detenido ilegalmente por 4 años y 5 meses.



Ph Elena Nicolay

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