sábado, 25 de marzo de 2017

Por la Memoria, la Verdad y la Justicia


Por Fabiana Cruz para El Diario del Juicio
Roberto Heriberto Albornoz está acusado como: “autor material de delitos cometidos en perjuicio de 35 víctimas, como autor mediato por 174 casos de violación de domicilio, 230 casos de privación ilegítima de la libertad con apremio y/o vejaciones, 220 casos de aplicación agravada de torturas y 129 casos de homicidios triplemente agravados. Deberá responder, además, como partícipe necesario de delitos sexuales en perjuicio de 16 víctimas”.
El día viernes 17 de marzo se escucharon los relatos en el TOF (Tribunal Oral Federal) de diferentes casos en los que se encuentra directamente implicado Albornoz, quien se encuentra bajo prisión domiciliaria.
Por videoconferencia, se escuchó la voz de Benigno Alberto Pereyra desde la provincia de Tierra del Fuego, un hombre que hoy tiene 60 años y es empleado público. Él y su tío Ángel Oscar Villavicencio fueron secuestrados durante el Operativo independencia en el año 1975 en la provincia de Tucumán.
En aquella época y antes de las circunstancias funestas, Benigno vivía en la localidad de San Pablo. Su vida fue completamente alterada un día de marzo en el que se encontraba durmiendo, cuando un conjunto de sujetos ingresó por medio de la violencia en su domicilio y lo golpeó hasta el cansancio, para luego subirlo a un vehículo y trasladarlo a lugares, en ese momento, inciertos. Pereyra, apoyándose en la memoria que iba recobrando de momento, afirmó que quienes lo detuvieron eran miembros de la Policía Federal y que pudo identificarlos de inmediato gracias a los uniformes que estos llevaban. Así mismo, expuso que durante su traslado en el vehículo notó que se hacían paradas cada tanto y que se cargaban a otras personas en las mismas condiciones que él. De esta manera fue llevado al entonces Centro Clandestino de Detención (CCD) conocido como La Escuelita de Famaillá y sometido a vejámenes cotidianos. En aquél lugar, a pesar la imposibilidad de poder ver a su entorno y agresores, tenía el pequeñísimo provecho de poder conversar por lo bajo con otras personas detenidas cuando los militares no se encontraban cerca. Fue así como pudo advertir mientras hablaba con una de ellas, que se trataba de Ángel, su tío.
“Un cura nos hacía rezar en La Escuelita”, contaba Benigno. El sacerdote se encargaba de esparcir la fe, misericordia y arrepentimiento en aquellos espacios colmados de suplicios incesantes.
Ángel Oscar Villavicencio es un hombre que fue secuestrado de la misma manera que su sobrino Benigno y posiblemente entre los mismos días. Ambos compartieron espacios de detención, por momentos sin saberlo dado que los sometidos a mortificaciones estaban siempre vendados. Benigno Pereyra contó que cuando fue trasladado al Penal de Villa Urquiza estaba en calidad de preso común y por lo tanto podía recibir visitas, entonces fueron sus familiares quienes le informaron que su tío también se encontraba detenido en el mismo lugar.
Para complementar el relato de Benigno, cabe destacar la denuncia de Ángel Oscar, en la que señala la participación protagónica del gran referente en actos represivos del contexto: Roberto Heriberto Albornoz. El sujeto, fue partícipe  en las torturas de la víctima y también le obligó en la Jefatura de la Policía a firmar un papel sin leerlo, bajo la amenaza de que si no lo hacía, volvería a La Escuelita, lo cual efectivamente ocurrió ya que Ángel se negó a hacerlo. Luego fue nuevamente sometido a torturas en el CCD donde escuchaba también la voz de Albornoz. Como consecuencia de los martirios, Ángel quedó con un alto grado de sordera y las costillas rotas.
Benigno Pereyra y Ángel Villavicencio estuvieron detenidos ilegalmente durante ocho años.
 
 
 
 
El segundo relato de la mañana fue realizado por Nélida del Valle Carabajal, quien fue citada a declarar por el secuestro de su vecino Fermín Ángel Nuñez. La mujer dijo que su esposo Juan Ángel Coria también fue secuestrado pero que nunca se animó a declarar por el miedo que tenía, miedo de que vuelva a pasar. Fermín y Juan Ángel se conocieron en el barrio y trabajaron juntos en el mercado de abasto. Cuenta Nélida que vivía junto a Coria y sus tres hijos, y que una noche entraron a su domicilio “muchos hombres con muchas armas” buscando al hombre. La mujer recuerda haber tenido la terrible sensación de que los iban a matar a todos allí dentro, abundaban armas apuntándolos y dándoles órdenes. Una de sus hijas salió corriendo empujando a los invasores y logró refugiarse en la casa de su abuela que vivía cerca. A Nélida la obligaron a regresar a la cama y los sujetos se llevaron forzosamente a Coria. La mujer iba a buscarlo siempre a la comisaría pero le decían que su esposo no se encontraba allí. Un día éste volvió y le contó que además de haber estado detenido en las peores condiciones, compartió cautiverio con Fermín Nuñez. Los torturadores le hacían interrogatorios para probar si reconocía a su vecino.


Por otro lado y fuera de la narración de Nélida, la historia de Fermín contiene muchos más detalles del horror. Fermín militaba en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), y fue secuestrado a golpes mientras trabajaba. Lo mantuvieron bajo tortura en la Jefatura de la Policía, lugar en el que Albornoz se apropió de sus objetos personales y también de plata que correspondía a la empresa COOTAM donde trabajaba Fermín. También estuvo detenido en el penal de Villa Urquiza como preso común y recibiendo visitas, hasta que volvieron a secuestrarlo de allí para ser sometido a tratos brutales en la Jefatura de la Policía nuevamente. Luego se lo llevaron a la escuelita de Famaillá, donde era picaneado sucesivamente y torturado hasta que perdía el conocimiento. En la escuelita escuchaba los gritos y alaridos de otras personas, entre ellas muchas mujeres embarazadas que rogaban por su condición. Los excesos y crueldades eran supervisados por un médico que controlaba los límites de la resistencia de las víctimas. Además de los tormentos físicos, sufrió cruelmente la violencia psicológica todos los días, un ejemplo de ello es la ocasión en la que su padre fue torturado en frente de él. A Nuñez le mostraron también los cuerpos en mal estado de una mujer de alrededor de 30 años y un joven de unos 25. Tiempo después, denunció que sus principales torturadores fueron Albornoz y los policías Carrizo, Figueroa, Marcote, Hidalgo, Pacheco y Olmos.
Fermín fue traslado nuevamente a Villa Urquiza y por último al penal de Rawson, estando así más de 7 años detenido.

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