jueves, 9 de junio de 2016

Ñoñxs por la memoria, la verdad y la justicia

  • por Marcos Nahuel Escobar para el Diario del Juicio
PH Foto tomada desde un helicóptero, 1975. Archivo Operativo Independencia
Gentileza Archivo Nacional de la Memoria


¿Para qué sirve la universidad? Más allá de las preguntas filosóficas que han intentado responder cuál es el rol del estado y las instituciones, vamos a intentar centrarnos en su aporte dentro del juicio que se está desarrollando, la Megacausa Operativo Independencia. El jueves 2 de junio pudimos ser espectadores de lo que pasa cuando la universidad sale de su claustro e irrumpe en la realidad cumpliendo una función social central en este proceso de reconstrucción del pasado, investigando con rigor científico para encontrar la verdad histórica y rescatar la memoria.
El doctor en Antropología Santiago Garaño, becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) fue llamado como testigo de contexto porque su tesis doctoral, “Entre el cuartel y el monte”, trata sobre el impacto social que tuvo la acción psicológica que el Ejército Argentino ejerció en el año 75 en Tucumán para tratar de ganar adhesión de la población, y cómo los conscriptos eran utilizados como la imagen pública del Ejército. Su tesis, con calificación 10 , describe la construcción de la cultura del terror en el monte tucumano, y el mismo monte como una construcción mental que aterrorizaba incluso a conscriptos tucumanos que se habían criado en la selva. En esto se veía la doble faceta del poder dictatorial. Una parte visible en la que se mostraba a los conscriptos totalmente comprometidos y dispuestos a dar la vida en la llamada “lucha contra la subversión”, y otra clandestina en la cual ellos mismos eran tratados como subversivos. En las entrevistas que mantuvo el testigo con los ex­ conscriptos sale a flote cómo la vida de estos no valía nada y se les repetía constantemente “acá queremos machos”, antes de enviarlos a recorrer la selva supuestamente infestada de guerrilleros. Garaño cuenta la tragicómica historia del conscripto Guerrillero, el cual sufrió el acoso de sus superiores y era conocido con el apodo de “Guerrillero de mierda”.

El antropólogo concluye explicando los medios utilizados para instalar la cultura del terror que atravesó a todo el tejido social del sur tucumano, donde todas las personas eran sospechosas. Estos métodos incluían las producción de mitos como por ejemplo que “la guerrilla tenía un helicóptero” y también una fantástica descripción sobre los guerrilleros como seres no humanos que podían infiltrarse entre la población, a los cuales se llamaba “monos” o “fuleros”, deshumanizando al supuesto enemigo de la sociedad y justificando el fuerte control sobre la vida civil. El doctor Garaño llama a esto “teatro de operaciones”, término extraído de un manual militar, pero que él adopta en su tesis para transmitir esta “puesta en escena” ficticia de enfrentamiento en el que toda la sociedad estaba en peligro, justificando así el secuestro de toda persona “sospechosa” de ayudar a la subversión. En este punto se explica por qué cualquier persona en el sur tucumano era susceptible de ser víctima, y de cómo los Centros Clandestinos de Detención (CCD) eran ocultados pero a la vez escenificados para provocar un nuevo ordenamiento social mediante el terror.

Luego contamos con la presencia en la sala de Pilar Gómez Sánchez, del Laboratorio de Investigaciones Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán (LIGIAAT), quien expuso ante el tribunal la investigación que realizó para su tesina de grado sobre el CCD Arsenal Miguel de Azcuénaga. Durante su exposición mostró imágenes que demostraban que los cuerpos hallados en el predio presentaban signos de torturas. Además, la forma en que estaban enterrados presentaba claras muestras de que se había intentado borrar toda huella de su existencia, hacer imposible su reconocimiento. Los cadáveres estaban atados de manos y pies y había restos de goma quemada en las fosas comunitarias. Esto, según la licenciada, es una evidencia clara de que se trató de ocultar la identidad de las personas enterradas allí. Sin embargo, ella afirmó ante el tribunal: “Es imposible borrar completamente las evidencias. La materialidad siempre deja rastros que pueden ser estudiados.”

La licenciada también demostró mediante fotos satelitales de la década del 60 y del 70 los cambios que sufrió el predio del CCD Arsenal Miguel de Azcuénaga, señalando particularmente la apertura de un camino lateral y oculto por el cual se habrían realizado los movimientos clandestinos de personas secuestradas y restos humanos. La constante interrupción del abogado defensor Facundo Maggio, quien opinaba que la investigación presentada no era pertinente, ya que esta tomaba evidencias fechadas en el año 76, obligó a reorientar la declaración hacia el tema específico por el cual había sido llamada. La conclusión fue que por las características del sitio, la planeación que demostraba y las remodelaciones en infraestructura necesarias para la viabilización del CCD, había una profundidad temporal que hacía evidente un trabajo de construcción previo al año 76, y habría comenzado en el año 75, etapa que sí corresponde a los hechos juzgados en este juicio, por mucho que le pese al doctor Maggio.

El punto culminante de la declaración llegó cuando el abogado defensor Mario Leiva llegó a cuestionar la veracidad de las fotos satelitales, alegando que él no podía saber si esas esas fotos eran reales. Sin inmutarse por el hecho de que su tesina haya sido corregida con nota 10 por un tribunal académico y además de que existe un juez de instrucción que se encarga de confirmar las veracidad de todas las pruebas presentadas anteriormente al inicio del juicio, Pilar informó con soltura las coordenadas absolutas exactas de las fotos en cuestión.

La cereza de esta torta de erudición, rigurosidad científica y excelencia académica fue la declaración de Silvia Nassif, quien presentó su testimonio basándose en su tesis doctoral en la cual estudia la clase obrera tucumana en el período entre el 66 y el 73, y la tesis posdoctoral que está terminando de escribir junto a un equipo sobre los hechos ocurridos entre el 73 y el 76. La letrada desarrolla el tema de su tesis a modo de testimonio contextual, comenzando con su larga lista de títulos, enumerando los archivos que ella y el equipo con el que trabaja visitaron y las 60 entrevistas que realizó.

La sala del Tribunal Oral Federal fue transformada momentáneamente en el aula magna de alguna universidad en la que se desarrollaba la defensa de una tesis. Perdón que cuente el final, pero esta también fue calificada con 10 y está en camino a ser publicada.

La reconstrucción histórica comienza a hablar por sí misma e inicia con el cierre de los ingenios en el año 65, el funcionamiento del ingenio y qué implicaba el cierre de 11 ingenios en el Tucumán de esa época. Tucumán fue uno de los primeros focos de resistencia a la dictadura. Su gran masa obrera y su fuerte estructura sindical lo convertían en un terreno poco feliz para la clase dominante de los dueños de ingenios. No es casual el cierre de 11 ingenios y que la represión haya comenzado un año antes en nuestra provincia con el Operativo Independencia. Fueron prácticas forzadas en pos de reducir la mano de obra empleada para así bajar los costos de producción del azúcar y un claro mensaje de disciplinamiento hacia la clase obrera.

Continúa el relato describiendo la situación del Ingenio La Fronterita en el año 74 (sitio investigado en este juicio), donde los obreros eran obligados a portar identificación y sometidos a fuertes controles militares en su propio lugar de trabajo. Este mismo lugar de trabajo donde se ubicó un CCD especialmente y con moño para dirigentes sindicales o cualquier otro obrero dispuesto a reclamar mejores condiciones laborales. El CCD, si bien clandestino, estaba a la vista de todos, se sabía que es lo sucedía allí. Es posible ver aquí la doble faceta del terror desarrollada por el doctor Garaño. Lo clandestino y al mismo tiempo la espectacularización del terror.

Testimonios de sobrevivientes cuentan que sus mismos captores reconocían que eran secuestrados por pedido de sus mismos patrones, los dueños del Ingenio La Fronterita, dejando entrever en sus relatos la complicidad empresarial durante el Operativo Independencia. La investigación arroja que hubo 900 víctimas de terrorismo de Estado entre los trabajadores de la industria azucarera, así como una larga lista de dirigentes y delegados sindicales desaparecidos, entre ellos la mitad de la mesa directiva de la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA).

La situación represiva se entreteje con la miseria que comienza a sufrir la provincia. Ya que el despido masivo de obreros azucareros trae consecuencias horrorizantes sin siquiera tener que recurrir a la violencia física. Los ingenios no se constituían solamente de la fábrica. El patrón era dueño de las tierras circundantes, las plantaciones, el pueblo donde vivían los obreros, el almacén, etc. Ser despedido del ingenio implicaba tener que retirarse de una casa que probablemente haya sido habitada por la familia del obrero durante varias generaciones pero que no les pertenecía. Un dato curioso es que el número de obreros registrados es relativo, ya que sólo era anotados los padres de familia, pero generalmente trabajaba toda la familia, incluyendo niños. Aproximadamente 50.000 obreros registrados quedaron a la deriva con el cierre de los ingenios, convirtiendo a Tucumán en punto de ebullición social que sería reprimido duramente.

Al entrar a la sala, la testigo presentó sus títulos. El presidente del jurado pregunta: “¿Entonces le podemos decir Licenciada?”. La respuesta resume el día en una muletilla y tres palabras: “O mejor llámeme doctora”.

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