lunes, 27 de junio de 2016

Jueves 23 de junio: El genocidio también tuvo esclavos

  • por Valeria Totongi para el Diario del Juicio
Ex CCD "Escuelita de Famaillá" (Antigua Escuela Diego de Rojas actual Espacio para la Memoria)
PH Luciana Cerimele


La imagen que deja María Cristina Medina es poderosa: un grupo de chicos escondidos detrás de una baranda, en la terraza de su casa, la mirada fija en la noche, los oídos agudos en medio de la oscuridad. Abajo, cruzando la calle, el centro clandestino de detención bulle de tortura, agonía y muerte.

"Tiraban cuerpos adentro de un camión volquete, sabíamos que estaban muertos porque ya no gemían", rememoró ante una audiencia que la escuchaba enmudecida.

María Cristina vivía, junto a su madre y sus cuatro hermanos, frente a la escuela  Diego de Rojas, en Famaillá. Tenían una despensa, su único ingreso. Un día de 1975 llegó un grupo de policías federales y les comunicó que tenían que "servir a la Patria" dándole de comer al personal jerárquico que iba a la Escuelita que, poco después lo sabrían, había empezado a funcionar como centro de secuestro y tortura. Desde ese entonces, y durante un año, los Medina también fueron prisioneros.
"Los vi a Bussi (Antonio Domingo, condenado a perpetua en 2008) y a Videla (Jorge Rafael, el jefe de la dictadura, que murió preso por crímenes aberrantes) caminando por la calle y pasando por el portón de la escuela. Iban de sobretodo", cuenta. "Cómo sabía que eran ellos?", preguntó un defensor. "Los había visto en la tele", contestó ella. Claro, a esa altura, ambos represores eran caras conocidas.

El horror no les pasó por el costado, se convirtió en una vivencia cotidiana: todos los días llegaba gente de las fuerzas de seguridad (primero policías, después gendarmes y finalmente personal del ejército) y había que servirles la comida. Nada de eso fue jamás pagado, la mercadería y la cocina eran parte del "servicio a la Patria".

Junto con los jerarcas de las fuerzas de seguridad llegaban unos hombres vestidos de negro. "Mi madre les llamaba 'los verdugos' porque estaba segura de que ellos eran quienes torturaban", le contó María Cristina al tribunal durante su testimonio en la causa Operativo Independencia. "A veces llegaban con las manos manchadas de merthiolate; entonces sabíamos que habían estado torturando", dice mientras solloza que está traicionando lo que prometió a su madre: que nunca contaría lo que pasó en aquella época.

"Nos tenían encerrados. Pusieron controles en la calle que pasaba frente a mi casa y no podíamos salir. Tuvimos que rogarles que permitieran que mis hermanos salieran para ir a la escuela, y a las mujeres a hacer las compras", relató.

"Venían a la mañana, al mediodía y a la noche. Había que servirles la comida y nos teníamos que retirar y dejar la puerta cerrada. Nunca hablaban delante de nosotras y se llamaban por nombres inventados", recordó.

En ese entonces, los Medina eran los únicos que vivían en la cuadra, salvo otra familia del mismo apellido. María Cristina tenía 17 años, sus hermanos eran menores. Una vez, el más chico tuvo que llevarles la comida a la escuelita: "Regresó muy afectado. Nunca supimos que vio ahí adentro, pero no volvió a ser el mismo".

Su madre tampoco pudo recuperarse, quedó depresiva para siempre. "No volvimos a hablar de lo que nos pasó", vuelve a sollozar.

Palabras para decirlo:
  • "La escuela estaba cerrada con plásticos y pero igual se podía ver algunas cosas que pasaban adentro" 
  • "Venían con gente vendada con trapos blancos; había gente mayor, adolescentes. Era cosa de todos los días". 
  • "Cuando se instaló el ejército, escuchábamos gritos de auxilio". 
  • "El ejército traía a los detenidos en un camión volquete, que entraba marcha atrás. Después levantaban el volquete y caía gente. Sabíamos que eran personas porque escuchábamos los quejidos". 
  • A mi mamá la obligaban a poner la música con volumen muy alto, para que no se escuchen los ruidos que venían de la escuelita. Hay sobrevivientes que se acuerdan de eso, que escuchaban la música". 
  • "De noche había tiros, gritos, una vez, incluso, explosiones".
  • "Recuerdo que hablaban de una mujer embarazada, muy joven. Le decían Pepita la Pistolera" . 
  • "La gente que no vivía cerca de la escuela, no creía lo que estaba pasando. Me decían que no era cierto". 
  • "Cuando se retiran los militares, entramos a la escuela. Las dos últimas aulas tenían sangre en las paredes".
  • "Los soldados eran todos varones. Los que iban a casa eran de alto rango". 
  • "Vimos a un chico de unos 18 años que lloraba porque decía que lo habían obligado a matar a una persona".-

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