lunes, 17 de octubre de 2016

Noticias de ayer

  • por Marcos Nahuel Escobar para el Diario del Juicio
PH Archivo H.I.J.O.S. Tucumán


Daniel Cantos Carrascosa,  Hugo Silvio Macchi, Adan Rodolfo Leiva, Guillermo Abregú y Abel Herrera. Cinco militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), secuestrados entre el 15 y el 17 de septiembre de 1975 y asesinados una semana después aproximadamente.

Los testimonios de sus parientes permiten rearmar una complicada historia que permite vislumbrar la complicidad de los medios de comunicación en la construcción del relato que las fuerzas armadas construyeron para intentar justificar el accionar represivo llevado adelante durante el Operativo Independencia.

A raíz de un comunicado publicado en “La Gaceta” de Tucumán el 8 de Octubre del mismo año (luego replicado por “El Tribuno” de Salta y “La Voz” de Bs. As.) los familiares de las víctimas se trasladaron hasta el Cementerio del Norte solo para encontrarse con los restos de sus seres queridos mutilados y con claros signos de torturas.

El comunicado en cuestión informaba sobre un supuesto enfrentamiento entre efectivos del Ejército y una fracción del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) (brazo armado del PRT) en plena ciudad de Yerba Buena, en el cual habrían caído abatidos los jóvenes.

Inés Eugenia Simerman, testigo que declaró el jueves 13 de octubre, afirma que una tía de Abel Herrera, recorrió la zona del supuesto enfrentamiento entre el 16 y el 17 de septiembre  de 1975 preguntando a los vecinos sobre lo ocurrido y pudo comprobar por sí misma que este relato fue una mentira construida para tapar el secuestro y asesinato de los militantes.

Hacia el año 1975, Simerman era novia del hermano de Hugo Silvio Macchi, y también cuñada de Abel Herrera. Durante su testimonio cuenta como Abel y Georgina, su pareja, vivían en una casa sobre calle Ayacucho junto con sus dos hijos. El 15 de septiembre el Ejército allanó el hogar de la familia mientras Georgina se encontraba fuera junto con lo chicos. Encontraron varios libros considerados “subversivos” y una estrella roja, símbolo del PRT pintada en el fondo de la casa. Abel fue secuestrado ese día de la vía pública, al parecer recibió un disparo en la pierna y fue llevado arrastrado por los soldados. Georgina pudo escapar y refugiarse en Buenos Aires un tiempo, hasta que fue localizada por la división de inteligencia del Ejército. La testigo cuenta que ella estaba en Buenos Aires para la fecha en la que Abel fue llevado de su casa, y que el padre del mismo inició los trámites para recuperar a sus nietos. Estos habían sido llevados junto Georgina cuando fue secuestrada y aparecieron a los pocos días. Inés cuenta que aparecieron en una comisaría, según el acta policial los pequeños estaban “deambulando solos por la calle” cuando fueron encontrados por efectivos de la policía. De su madre no se supo nada más.

Inés concluye su testimonio. Cuenta como su hermano tuvo que exiliarse a Israel, cansado de las persecuciones, como ella misma siguió ese destino, teniendo que retirarse del país muchos años hasta que pudo volver. Sobre sus cuñados y sus amigos dice “eran militantes. Eran gente de muy buen vivir. Dieron todo, hasta la vida, para cambiar la situación del país”.

Carlos Macchi, respecto al secuestro y asesinato de su hermano, declaró el mismo jueves por la tarde. “En junio del 75 nuestra casa familiar fue allanada dos veces. La primera estuvo comandada personalmente por el Jefe de la Policía Roberto Heriberto Albornoz y el Teniente Lazarte. Rompieron todo, se llevaron plata y objetos de valor, tiraron todos los muebles. Buscaban a mi hermano, pero él vivía en una pensión en la calle Entre Ríos. La segunda vez fue diez días después, al amanecer. Esta vez ingresaron un grupo de hombres encapuchados con armas, pero el procedimiento fue el mismo. Buscaban a mi hermano. Tiraron todo, rompieron lo quedaba y nuevamente se llevaron plata.”

El 20 de septiembre de 1975 le confirmaron a su padre el secuestro de Hugo en circunstancias que hasta el día de hoy no pudieron ser aclaradas.

Daniel Cantos Carrascosa, oriundo de Santiago del Estero, huyó de su provincia natal a los 19 años, cansado de los constantes allanamientos ilegales de los que eran víctimas en su casa. Harto del hostigamiento de los militares santiagueños escapó a Tucumán sin ningún sustento y sin poder conseguir trabajo se refugiaba donde podía. Su hermana, María Julia Cantos Carrascosa, quien tenía solo 12 años, pero recuerda el abuso encarnizado del que su familia era víctima en ese entonces. “El mismo militar que comandaba los allanamientos en mi casa, Musa Azar, fue nombrado Ministro de Seguridad en 2003.”

Oscar Ricardo Bader, periodista, militante del PRT y también santiagueño, relato en la audiencia del viernes 14 de octubre su exilio en Tucumán, donde pudo esconderse en casa de su hermano. Oscar conocía a Daniel de la escuela y se encontraron de casualidad, ya los dos en Tucumán. Daniel le contó sus penares. Se sentía perseguido todo el tiempo y la noche anterior había dormido en un zaguán "para no perjudicar a nadie". “Huevo” sería secuestrado poco tiempo después y llevado a al Centro Clandestino de Detención (CCD) "la Escuelita de Famaillá". Los soldados le tiraron por la espalda en el patio de la escuela, después de haberle comunicado que iba a ser liberado.

David Arnaldo Leiva fue uno de los primeros abogados que comenzó a denunciar los crímenes cometidos por las fuerzas represivas en el año 1983 y hermano del Adán Rodolfo Leiva. Su testimonio se extiende por más de una hora durante la cual recuerda la historia de su hermano desaparecido. Su interés por la militancia política, por las ideas socialistas y la idea de “proletarizarse” para luchar junto con la clase obrera. Nacido en Orán, Salta, abandonó su pago para militar y trabajar en Buenos Aires, donde trabajó como obrero del puerto. Su recorrido se hace difuso, pero David pudo rescatar historias por lo que supo estuvo en pareja y que ella estaba embarazada al momento de su secuestro. “Rudi”, como era llamado por su familia, fue secuestrado de una pensión en la calle San Martín al 100, donde residía junto con los hermanos Abregú. Guillermo Abregú también era militante del PRT. Junto con ellos también sería llevados Silvia y Pedro Abregú, este último también pudo testificar en la audiencia del jueves 13 de octubre. Silvia y Pedro pasarían una semana en “La Escuelita” para luego ser liberados. Su hermano Guillermo sería retenido junto con Leiva, Cantos Carrascosa, Macchi y Herrera.

El 8 de octubre se se publicaría el comunicado que uniría a las cinco familias, quienes se conocieron en el cementerio. El abogado Leiva relata su experiencia: “Yo entré porque alguien tenía que reconocer el cuerpo de mi hermano. pero había cerca de 15 cuerpos allí. Todos tenían marcas de tortura. El cuerpo de mi hermano estaba todo hinchado, picaneado, recuerdo especialmente que sus testículos estaban muy inflamados. Tenía un agujerito entre las cejas y un boquete en el pecho... Se notaba que llevaba allí un tiempo. Después pude hablar con los empleados del cementerio y me contaron que habían 'llegado frescos hacía una semana'. Años después pude escuchar el testimonio de un colimba que conocía mi hermano de Salta. Él contó cómo vió que le pegaron un tiro cuando supuestamente lo estaban liberando.”

Leiva también recuerda haber visto en el cementerio al padre de Abel sobre el cuerpo de su hijo, el cual tenía una infección bastante avanzada en la pierna.

De las historias que pudieron ser extraídas de los relatos, al parecer a Abel lo asesinó el General Acdel Vilas en persona. Inés Simerman cuenta que pudo enterarse de episodio en el cual su cuñado y sus amigos fueron muertos porque otro militante también se encontraba en el lugar y pudo escuchar la escena. Vilas le habría dicho a Abel “Arrepiéntete y cree en Dios”. Abel sería fusilado luego de contestar “No quiero saber nada con Dios”.

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