martes, 11 de octubre de 2016

“¿Cómo está, señor Albornoz?”

  • por Fabiana Cruz para el Diario del Juicio
Roberto Heriberto "el tuerto" Albornoz, Jefe del D2
imputado en ésta causa, 5 veces condenado en otras
PH Paloma Cortéz Ayusa


Roberto Mario Sosa tenía 24 años de edad en el año 1975, era militante del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y vivía en el Barrio Ciudadela con su madre, hermanos y su esposa. Para ese período, había conseguido un trabajo como reemplazante de reparto de correspondencia en la Empresa de Correo Postal “Oca”. A mediados de septiembre, se encontraba yendo a su trabajo en su motocicleta cuando notó que un sujeto corpulento lo vio y corrió hacia un vehículo Peugeot 504 de color negro, donde había 3 personas vestidas de civil. Roberto se percató de que aquél vehículo lo estaba persiguiendo, seguidamente intentaron volcarlo chocándole en la parte trasera de la moto. Luego de dos intentos fallidos comenzaron a tirotearlo, por lo que Sosa decidió volver a su casa y resguardarse dentro, pero ya en la vereda lograron tirarlo y se levantó corriendo hasta poder ingresar al domicilio, recibiendo una bala por la espalda que no logró paralizarlo.

En la casa se encontraba su mujer con la hija de ambos en brazos, Sosa fuera de sí y asustado, fue rápidamente hasta el fondo del terreno y saltó la tela metálica que lo separaba del terreno de su vecino para poder refugiarse. Le costaba respirar y no sabía qué hacer, hasta que tuvo conocimiento de que en toda la manzana se estaba montando un operativo para retenerlo, y decidió finalmente salir. Los vecinos, que conocían al hombre,  comenzaron a insultar a los efectivos mientras estos lo subían a un vehículo.

Roberto se encontraba herido, por lo que fue trasladado al Hospital Padilla. Allí estuvo internado alrededor de dos semanas con custodia policial hasta que le dieron el alta y lo pudieron trasladar a la Jefatura de la Policía. En aquél lugar estuvo algunos días parado de cara hacia la pared, con los ojos vendados y las manos atadas. Fue entonces cuando advirtieron que Roberto necesitaba nuevamente atención médica y se lo llevaron al Hospital Militar. Apenas llegó lo desnudaron, le pusieron una bata de enfermo y le ataron los pies.

Una de las noches en las que estuvo detenido en el Hospital Militar, entró una patota y le ordenó a la enfermera que lo prepare a Sosa: “lo que recuerdo patente era el temor que tenía esa enfermera”. Así fue como se lo llevaron nuevamente a la Jefatura de la Policía, vendado y atado, le suministraron medicamentos para poder terminar con su curación.

Sosa comenta que nunca le habían dicho por qué lo detenían, y que en esa segunda vuelta a la Jefatura de la Policía, fue llamado para prestar declaración:

-Roberto Mario Sosa- le dijo una voz.
-¿Cómo está, señor Albornoz?
-Ah chango, ¿otra vez por acá?

Roberto se encontraba vendado pero reconoció de inmediato la peculiar voz del “Tuerto Albornoz”, actual imputado por crímenes de lesa humanidad, ya que había sido detenido en otra oportunidad en el año 1974 junto a su hermano. La víctima fue obligada a firmar un acta en la que atestiguaba que había atacado a fuerza de balas a un móvil de la policía: “de eso me acusaban”, relataba ante el Tribunal. De esta manera se lo condenó un 17 de octubre y fue llevado al Penal de Villa Urquiza en donde se lo ubicó en un pabellón de encausados.

Con el Golpe Militar del año 1976, él y otros presos políticos fueron conducidos a celdas individuales. Los maltratos no cesaron nunca, y en ese mismo año, fueron relocalizados, esta vez en el Regimiento 19 de Infantería ya que el penal recibiría la visita de Amnesty International, comisión que inspeccionaría la condición de los allí detenidos. Los presos políticos fueron ocultados en dicho lugar por aproximadamente una semana, y luego comenzaría un recorrido por diferentes penales. Primero, Sosa y otros presos políticos fueron trasladados al penal de Sierra Chica, de allí pasaron a la UP1 de Córdoba como medida de prevención de algún atentado contra el mundial del 78, luego al CCD “La Perla” en esa misma provincia, después volvieron a Sierra Chica, posteriormente a la cárcel de La Plata, y por último al Penal de Villa Devoto. Los traslados eran en camiones, los detenidos iban tirados boca abajo y con colchas.

En Septiembre del año 1983, luego de 8 años de detención y de innumerables torturas, el ex preso político Roberto Mario Sosa, fue liberado en el Penal de Villa Devoto.

En cuanto a la detención de su hermano, José Antonio Sosa, Roberto declaró que el mismo no militaba en ningún partido. Este debía encontrarse el 15 de febrero del año 1976 en la Iglesia San Pío X  junto a otros familiares de detenidos políticos que se encargaban de discutir la gestión para la liberación de sus parientes. Pero después de esa reunión, José fue secuestrado por varios sujetos armados que se movilizaban en un vehículo desconocido. Esa madrugada fue secuestrada Rosa Leonor Millán de Sosa, esposa de José Antonio Sosa. Hasta el día de hoy, no se sabe qué pasó con ambos y continúan desaparecidos.

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