lunes, 21 de noviembre de 2016

Un acto de justicia, un acto de amor

  • por Elena Nicolay para el Diario del Juicio
El Tuerto Albornoz y sus defensores oficiales ante la puntillosa declaración de Imelda Nader
PH Elena Nicolay


La audiencia del jueves 17 empezó puntual. Alrededor de las 9:40 Andrés Jaroslavsky, desde Londres, se preparaba para dar inicio a la teleconferencia que lo comunicaría directamente con el Tribunal Oral Federal de Tucumán. Durante la mañana, tanto las declaraciones de Andrés como las de su hermano Pablo y su madre Imelda Inés Nader, aportarían datos sobre el secuestro de su padre y esposo Máximo Eduardo Jaroslavsky.
Al comenzar su declaración, Andrés nos cuenta la vida de su papá. Máximo era el mayor de tres hermanos. En la ciudad de La Plata se recibió de médico cardiólogo. En esa época militaba en una agrupación estudiantil, Palabra Obrera. Más tarde viajaría a Tucumán y sería padre de dos hijos. Máximo era médico cardiólogo.  Trabajaba en el Centro de Salud y en un Instituto Cardiológico del cual era uno de los socios. Durante la noche hacia visitas domiciliarias.
A Máximo lo secuestraron el 19 de noviembre de 1975. Una semana antes de su secuestro, había viajado a Buenos Aires. En Tucumán ya se desplegaba todo el accionar represivo a cargo de Acdel Vilas, bajos los decretos presidenciales que dieron lugar al Operativo Independencia. Vecinos se habían comunicado con su esposa Imelda para decirle que militares lo estaban buscando. A pesar de la advertencia, Máximo decide volver. Dos días después, al salir de un encuentro con un amigo en el Hotel Italia, lo secuestran camino a su casa (en su automóvil, que también está desaparecido).
Luego del secuestro de Máximo Jaroslavsky, tanto familiares como conocidos realizaron una serie de diligencias para encontrarlo. El colegio médico de Tucumán empezó una serie de paros reclamando por la aparición con vida del médico cardiólogo. Se presentó un habeas corpus pero a pesar de todas estas diligencias, no hubo ningún tipo de respuesta por parte del gobierno y ni de la policía. Uno de los hermanos de Máximo, Juan Pablo Jaroslavsky logra salir del país para asentarse con su familia en Barcelona. Su otro hermano Luis Jaroslavsky, había fallecido antes de su secuestro. Su viuda es secuestrada en la casa de la madre de los hermanos. Es detenida y torturada durante dos semanas, hasta que el Consulado de Francia, debido a su nacionalidad francesa, logra intervenir para sacarla del país.

Mientras que en el exterior, Juan Pablo inició una fuerte campaña por su hermano y en contra de la dictadura. En Tucumán, Imelda acude a una serie de audiencias con Antonio Domingo Bussi y Roberto Albornoz en busca de cualquier tipo de información sobre su marido.
Los datos más precisos aparecerían muchos años después. En el año 2011 Juan Carlos Ríos Santucho, secuestrado con 17 años, se encontró con Imelda en un acto realizado en la ex Jefatura de Policía, allí le reveló que estuvo secuestrado en el centro clandestino que funcionaba en la ex Jefatura de Policía donde compartió cautiverio con su esposo. Santucho, según comentó Imelda, se sacó las vendas en una ocasión y vio al hombre que recuerda con respeto, Máximo trataba muchas veces de contenerlos y recomendarles cuidados luego de las torturas. Cabe destacar que con anterioridad a esta declaración, no había antecedentes de que Máximo haya pasado por ningún centro clandestino.
Cuando ya no había más preguntas, Andrés se dirigió a los genocidas: “Es una pena que con el enorme caudal probatorio y los años transcurridos los genocidas no hayan podido reconocer la criminalidad de sus actos. ¡Cuánta cobardía!. Es muy fácil ser hombre cuando se tiene las armas”
Cuando le tocó declarar a Imenda Inés Nader, entró a la sala y se sentó con seguridad mirando fijamente al tribunal. Con su memoria más presente que nunca, sus declaraciones comenzaron relatando, una vez más, el secuestro de su marido. Imelda relató las entrevistas que tuvo con Antonio Arrechea, Albino Zimmerman, un arzobispo, entre otros, en busca de datos sobre su marido. También habló de las reiteradas entrevistas que tuvo con el genocida Antonio Domingo Bussi, las que eran convocadas por él mismo para supuestamente dar información sobre su marido, pero que de ninguna de ellas obtuvo la  información prometida. “Cada vez que usted me llama vengo con la ilusión de saber algo de mi marido y usted sólo me pregunta estupideces” le dijo Imelda a Bussi a la vez que le anunciaba que sería la última vez que concurriría a éstas entrevistas. "¿Qué tenía que preguntarme de mis hijos, de mi situación económica o si alguien me molestaba, diciendo además que él se encargaría de solucionarlo? ¡No volví más!". Imelda, de talla pequeña, habla con una firmeza tal que no hace difícil imaginarla increpando al otrora dueño de la vida y la muerte de los tucumanos.
Meses más tarde también se entrevistó con Roberto Heriberto Albornoz. Imelda se refirió a él como “grosero”, “sin vergüenza”. En aquel encuentro, ella portaba una foto de su marido. La colocó  sobre el escritorio de Albornoz y al mostrársela, un policía que entró a la reunión reconoció la imagen de Máximo y Albornoz la tapó rápidamente, negándole saber algo sobre el paradero de su marido... “Esa fue la primera intuición que tuve de que mi marido estuvo en la Jefatura”. Las palabras de Imelda fueron suficientes para movilizar al “Tuerto” que en la sala de audiencias, tras escucharla,  se levantó de su silla para señalarla acusándola de mentirosa y negando haberla conocido. "¡Que hable ese que me apunta con el dedo, a ver qué tiene para decir, pero que ni se me acerque!" respodió Imelda.
Pablo Jaroslavsky, hijo menor de Máximo e Imelda, fue el último en declarar. Tenía apenas 2 años y seis meses cuando su papá fue secuestrado pero la imagen que guarda de él corresponde a la de un hombre solidario y con una sensibilidad social muy fuerte. Máximo había venido a Tucumán cuando el cierre de los ingenios devastaba las oportunidades de miles de familias y abrió una sala en la que atendía gratuitamente a los obreros desocupados del Ingenio San José. “Creo que más allá de la militancia, fue esa cuestión social la que en ese momento, para la dictadura que se estaba armando, lo volvió una persona peligrosa. Para algunos esa solidaridad era algo incomprensible”, dijo el testigo
A 41 años de la desaparición de Máximo Eduardo Jarosvlasky, a pesar los mecanismos del silencio y de la impunidad en su macabro intento de borrar las huellas del terror, las declaraciones de sus familiares , como las de muchos otros, exploran, revuelven y develan aquellas cosas guardadas en la memoria. En esa memoria donde aparecen los fragmentos de verdad que reconstruyen nuestra historia.
Pablo Jaroslavsky dijo al finalizar  su testimonio: “Después de tantos años que estemos acá, no es solo un acto de Justicia, sino un acto de amor y admiración. Me gustaría que algunos de los hijos acusados sintieran alguna vez eso, yo creo que solo sienten vergüenza”.

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