martes, 29 de noviembre de 2016

“Mi historia, lo que estoy contando, me sorprende”

  • por Fabiana Cruz para el Diario del Juicio
PH Archivo H.I.J.O.S.


Narraciones sobre narraciones. De esa manera se construyen las historias que escuchamos. Pero hay una sola cosa que no tiene más de un relato, es la verdad. Jesús González no está. Margarita Costilla y Roberto Villagra no están. Y no están porque han sido desaparecidos por orden de un gobierno. El viernes 18 de noviembre, declararon ante el Tribunal Oral Federal los familiares de las víctimas recién nombradas en el marco del denominado Operativo Independencia.

Con respecto a la desaparición de Jesús Ángel González, declararon: Angélica Argemina González y José Domingo González, sus hermanos.

Angélica es una mujer de muchos años que dice no recordar muchas cosas, como ser fechas o historias. Pero asegura que, a pesar de su derrame cerebral, no olvida los horribles hechos que concluyeron con el secuestro de su hermano Jesús Ángel.

La familia González vivía en León Rougés (Monteros) y tenían una casa prefabricada con tres habitaciones. Luego de las jornadas laborales en el Ingenio Santa Rosa, Jesús volvía a su hogar en donde lo esperaba su pareja y demás parientes. En enero del año 1976, el sueño de la familia fue interrumpido en el horario de las 2 am: un grupo de militares había saltado una tapia e ingresado a la vivienda por la fuerza. Derribaron la puerta del dormitorio de Jesús y a sus hermanos los tiraron boca abajo en la cama, mientras les apuntaban con armas.
Vicente Lorenzo González, hermano de Jesús, se enfrentó a los militares para impedir que le hicieran daño a su hermano. Pero para aplacar su resistencia, fue golpeado de manera brutal y atado a un árbol hasta que pudieron llevarse a la víctima. Angélica recuerda que cuando los hombres salieron del domicilio, los estaba esperando una camioneta celeste de “Bienestar Social” a la cual ella pudo perseguir corriendo por unas cuadras, hasta que los vio perderse por el sur. Cuenta la mujer que luego de eso se encontró en la calle con un pariente de Juan Domingo Fernández (su vecino que hasta el día de hoy se encuentra desaparecido), y este le dijo que Juan Domingo acababa de ser secuestrado de la misma forma por un grupo de hombres que se movilizaban en una camioneta de Bienestar Social.

El testigo José Domingo González, tenía 7 años de edad para la fecha de los hechos. Comenta que perder a un hermano cuesta y que quizás no tiene una memoria detallada de los episodios, pero que sabe la historia de su hermano gracias a lo que Angélica pudo contarle. La vida fue muy dolorosa después de que se lo llevaron porque a su hermana le dio un derrame cerebral y Vicente murió enfermo un año después producto de los golpes, según habría dicho el doctor que lo atendió.

Angélica cuenta que recurrió a todos los lugares posibles en búsqueda de su hermano. Sobre todo no olvida que la Comisaría de León Rougés estaba al mando del comisario Miguel Ángel Moreno, quien se enojaba demasiado cuando se acercaban a preguntar por Jesús. “Ya vienen a molestar” decía el comisario. Incansable, la mujer logró radicar la denuncia en la Comisaría, presentó tres veces el recurso de hábeas corpus y realizó denuncias ante la Cruz Roja Internacional. Siempre iba a la Escuelita de Famaillá porque era sabido que allí se encontraban varios detenidos, pero cada vez que intentaba ingresar le decían “fuera, a la casa”. Un año después fue nuevamente a la comisaría de León Rougés a pedir una copia, pero le dijeron que la hoja donde había quedado registrada la denuncia había sido arrancada.

“Que se haga justicia. Atrás mío hay muchas fotos… y duele” de esta manera José Domingo termina su declaración.

Con respecto a la desaparición de Margarita del Carmen Costilla y Roberto Mariano Villagra declararon Carlos César Costilla (hermano de Margarita) y Mirian Marcela Villagra (hija del matrimonio).

Era el mes de enero del año 1976, Margarita del Carmen Costilla y Roberto Mariano Villagra tenían una pequeña hija de dos años llamada Mirian Marcela Villagra. Eran una pareja joven que vivía en Tafí Viejo, Roberto tenía 27 años y era albañil,  Margarita tenía tan sólo 21.

Carlos cuenta que fue difícil saber qué había pasado con su hermana y su cuñado, porque en el momento de los hechos había estado presente su madre Lidia Herrera, pero la mujer nunca quería hablar sobre el tema. “Mi madre era cerrada para ella” y agrega que eran muchos los esfuerzos para sacarle las palabras debido al sufrimiento que llevaba consigo.

Tiempo antes del secuestro, Lidia Herrera había quedado viuda, por lo que Margarita no quiso dejarla sola y se la llevó a vivir con ella junto a su esposo y la pequeña hija de ambos.

Un día de enero a las 2:30 de la madrugada, se acercaron a la vivienda de Tafí Viejo un grupo de personas para preguntar por Margarita Costilla. Cuando le respondieron que allí se encontraba, derribaron la puerta y pusieron a todos boca abajo, impidiendo que cualquiera pudiera ver lo que pasaba y sobre todo oponer resistencia. Margarita pidió vestirse con otra ropa ya que tenía puesto el camisón pero, sin importar nada, los invasores se la llevaron exactamente como la habían encontrado en su casa.

Lidia inmediatamente comenzó la búsqueda de su hija, sin embargo todo empeoró exactamente  cuatro días después: Roberto Villagra fue secuestrado en su domicilio con la misma violencia que su esposa, quedando la menor de edad a cargo de su abuela.

Mirian Villagra por su parte, cuenta que la crió su abuela, y a medida que fue creciendo pudo enterarse de quiénes eran sus padres. Lidia primero le había dicho que no le diga “abuela” sino “mamá”, y Mirian sostiene que lo hacía porque la mujer estaba muy atemorizada, prefería que no sepa la realidad de sus padres. Luego le dijo que en realidad ella era su abuela y que sus padres habían muerto en un accidente. Era su manera de protegerla, según interpreta. Pero luego de muchas conversaciones con sus tíos, pudo saber qué sus padres en realidad fueron secuestrados, y eso le hizo mucho daño. “Mi historia, lo que estoy contando, me sorprende”.

“Que todo esto sirva para algo”

Margarita y Roberto, al día de la fecha, continúan desaparecidos.

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