miércoles, 23 de noviembre de 2016

Opciones limitadas: entre la sartén y la pared

  • por Marcos Nahuel Escobar para el Diario del Juicio
PH Elena Nicolay


¿Por qué se lxs llevaron? La pregunta primera que toda persona se hace respecto a un/a desaparecidx. La incógnita que nunca hay que dejar de intentar responder, ni dejar de interpelar. Las respuestas pueden surgir de los lugares más inesperados, y una sucesión de palabras pronunciadas hace 40 años llegan a disparar una idea reflejada en la historia de Hugo Ricardo Corbalán. Su hermana, Evelia Ángela Corbalán testificó el jueves 17 de noviembre en la causa por los crímenes cometidos contra su persona.


La señora Corbalán está sentada frente al jurado, describiendo la figura de un hombre vestido con una chaqueta de explorador, un sombrero del mismo estilo y un pañuelo. Este hombre tiene una linterna en la mano, con la cual hace señas al grupo que se encontraba con él dentro de la habitación de la testigo en plena noche y le dice que se quede tranquila. El hombre y este grupo armado irrumpieron en la casa de la familia Corbalán sin permiso ni orden judicial que justifique su presencia en plena noche. Estas personas estaban secuestrando al hermano de la testigo, y, como de pasada, robando elementos de valor en la casa.
Cuando ingresaron al dormitorio del padre de la testigo este prendió la luz y el grupo comenzó a escapar. Cuando se percataron de la ausencia de Hugo intentaron llamar a la comisaría, pero el teléfono había sido cortado. Cuando la familia se disponía a moverse hasta la comisaría notaron que la puerta de calle estaba destrozada, con marcas de botas cerca del picaporte. La policía se negó a recibir la denuncia. Lo buscaron por sanatorios y hospitales pero nunca obtuvieron respuesta.


Poco después de un mes su hermano apareció en la puerta de casa, un taxi lo había recogido caminando solo por calle Mendoza y Avenida Avellaneda Estaba irreconocible. Tenía un olor tremendo, peor que a suciedad. Mi esposo y un vecino lo bañaron. Había llegado con un solo zapato, y lo tenía pegado al pie; le arrancó la piel cuando se lo sacaron. El médico del barrio no lo quiso atender, así que lo tuvimos que llevar al hospital Avellaneda. Pedía licuado para alimentarse, y así y todo apenas lo podía tomar. No soportaba la luz. Gritaba toda la noche, mi mamá intentaba tranquilizarlo, pero tenía pesadillas horribles. Le faltaban mechones de cabello, tenía una infección  en el codo, las yemas de los dedos reventadas y las costillas fracturadas."

"Pero la verdad que el principal daño fue el psicológico. Mi hermano sufrió el alcoholismo. No podía manejar su depresión. Vivía con miedo de que lo llevaran de nuevo, así no podía conservar ningún trabajo. Estuvo en tratamiento psiquiátrico, vivía con miedo, me llamaba hasta hace poco diciéndome que lo iban a matar, que lo había visto al Tuerto Albornoz en la calle y que lo iba a ir a buscar porque él lo había denunciado”.

La testigo cuenta los detalles de los que se fue enterando con el pasar de los años, su hermano le contó que lo tenían encerrado en un lugar junto con otras personas. Él creía que dicho lugar era la Jefatura de Policía (sitio probado como Centro Clandestino de Detención), debido a que en un momento pudo levantarse las venda que lo obligaban a usar todo el tiempo en los ojos y logró ver por la celosía hacia la calle. Allí sufrió torturas inhumanas.

La víctima repetía constantemente que el Tuerto Albornoz, quien para ese año era jefe del Comando de Inteligencia de la Policía, era quien lo había secuestrado y quien también participaba de las sesiones de torturas que sufría. Él podía escuchar a sus captores llamando a una persona por ese apodo. La testigo se enteró años después que su hermano ya había sido detenido previo a su secuestro por Albornoz para ser interrogado.

Ángela tuvo que recorrer comisarías y hospitales sola, ya que no quería que su marido se viera involucrado. Hasta que finalmente fue atendida en el Comando “llegó un militar bien acicalado, muy bien peinado y con bigotito. Un tipo Videla para que se hagan una idea. Me interrogó sobre mi familia, quería sacarme información y quería saber mis ideas políticas. Le dije que era simpatizante peronista. Mi hermano ya llevaba como un mes desaparecido. "

"Este hombrecito me dijo que había tres posibilidades. Una era que haya fingido un secuestro porque era guerrillero, y de esta forma se cubría para poder ir a pelear al monte. Otra era que la guerrilla lo hayan llevado porque era útil para la guerrilla. Él sabía mucho de ingeniería. La última era que haya ayudado efectivamente a la guerrilla de manera voluntaria y por eso el ejército lo había detenido.”


Hugo Ricardo Corbalán era delegado sindical. Lo secuestraron por defender a sus compañerxs. Lo secuestraron para apartarlo de ellxs, para usarlo de ejemplo a lo que sucede con lxs trabajadores que luchan por sus derechos, para alienarlo de la sociedad. Se lo llevaron para extinguir su voluntad de ayudar a otrxs.

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