Por Andrea Acosta // La muerte de Isauro y Arturo Arancibia sigue impune. El caso Arancibia nos muestra la brutalidad de la dictadura argentina y la importancia de este maestro que hizo de su vocación un acto de justicia social.
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| ISAURO ARANCIBIA - ARCHIVO HISTÓRICO |
A casi 50 años del golpe cívico-militar del año 1976, todavía resuenan en nuestra memoria el estallido de cada disparo que terminaron con la vida de aquel maestro de escuela: Isauro Arancibia junto a su hermano, Arturo Arancibia. Entre las paredes de la vieja sede de la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales – ATEP-, ahí mismo en la madrugada del 24 de marzo, una patota de vehículos de la Brigada de Investigaciones de la policía de la provincia irrumpió a tiros el lugar, llegando hasta aquella piecita del fondo donde dormían Isauro y Arturo, acribillándolos de 120 y 70 tiros respectivamente, una herida abierta que dejó la dictadura en Tucumán y que aún supura impunidad. Cabe señalar que fue en Tucumán donde la maquina del terrorismo de Estado se había puesto en marcha un año antes del golpe de 1976 con lo que se conoció como Operativo Independencia.
Isauro era un maestro rural y un sindicalista, en aquel entonces se desempeñaba como secretario general de ATEP. Oriundo de Monteros, llevaba la vocación del magisterio desde muy joven trabajando con niños de familias cañeras y obreras. Isauro sentía su compromiso social a través del contacto cotidiano con la pobreza y el analfabetismo en el campo tucumano.
Aquella fatídica noche, los hermanos pudieron resistir con dos viejas escopetas, alcanzando a abatir a uno de los tantos agresores, antes de ellos caer.
Pasaron los años y crimen está sepultado por un silencio judicial tucumano. El entonces juez federal Manlio Torcuato Martínez, encargado de la investigación, no solo archivó la causa sin ordenar autopsias sino que defendió como cierta la versión policial de un supuesto enfrentamiento. No hubo peritajes, no hubo búsqueda de responsables. Solo una decisión: encubrir. Hoy, Martínez está acusado por prevaricato y encubrimiento, siendo condenado en 2015 por otros crímenes de lesa humanidad, beneficiado con prisión domiciliaria.
En el 2003 la causa Arancibia se reabrió y tras un ir y venir, en el 2021 el juez federal Fernando Poviña procesó a los ex policías Mario Escalada, Jorge Ragonese y José Sánchez como coautores de homicidio calificado, violación de domicilio y asociación ilícita y contra Martínez,
Para diciembre de 2023, la fiscalía solicitó la elevación a juicio oral. Finalmente se había fijado fecha para principios de agosto de este año pero, el Tribunal Oral Federal suspendió el inicio y no resolvió una nueva fecha,
Hoy, existen escuelas, auditorios y plazas que llevan el nombre de Isauro Arancibia. El maestro de hijos de cañeros tucumanos, luchador contra el analfabetismo solía decir: “El problema de la escuela pública no es solo pedagógico sino también económico”. Sus palabras siguen vigentes y marcando el camino de cada educador, porque mientras se espera un juicio que aún no llega, Isauro y Arturo caminan en cada guardapolvo blanco reclamado memoria, verdad y justicia.

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