martes, 30 de septiembre de 2014

Contra la desesperanza

  • por Tina Gardella para el Diario del Juicio
Fotografía Mikaela Domínguez

Este miércoles comienzan a declarar los testigos en el Juicio de Villa Urquiza. Son esos testimonios que exceden su carácter de prueba jurídica, importante por cierto, pero cuyo carácter no alcanza para entender la magnitud de lo que moviliza a quienes dicen lo que dicen y a quienes escuchan lo que escuchan.
¿Y qué se escucha en los testimonios? ¿Datos quizás? ¿Fechas tal vez? ¿O nombres, hechos y circunstancias?
El testimonio construye memoria. Al producir sentidos que multiplican perspectivas, excede claramente una mera función descriptiva, informativa, recordativa. El testimonio construye una memoria que es eminentemente colectiva.
El testimonio construye identidad. Como múltiples dimensiones de su complejidad, la identidad es una construcción social y subjetiva que refiere no sólo a lo individual, sino fundamentalmente a la implicancia colectiva en cuanto se nutre de los lazos que unen un pasado común con un proyecto común a futuro.
Pero fundamentalmente y mucho más en este Juicio donde la mayoría de los testigos son ex presos políticos, el testimonio convierte la situación de víctima  en un acto de reflexión; suma al testimonio en sí, el acto emancipatorio de convertir el padecimiento en texto reflexivo.
El relato testimonial no se enfrenta así con lo acontecido en un tiempo pasado, sino con la pregunta del presente ¿cómo fue esto posible? Algo que era inimaginable, imposible de creer, sucedió.
Tal el  valor del testimonio; valor desde lo jurídico, desde lo histórico, desde lo político; el valor de ese decir de hombres y mujeres que, cargando su historia y la de quienes no están, dan cuenta de lo sucedido, en palabra y acto.
Los testigos hablarán, narrarán y relatarán… ¿desde dónde los escucharemos los que, como actores  todos de esa escena del juicio, lo configuramos en las audiencias y más allá de ellas?
Porque la escucha que se construye, una escucha atenta, sensible e inteligente, no es la escucha individual/subjetiva que crea cerco de sentido.
Es una escucha que se la construye como la capacidad social de escuchar y dar sentido político al testimonio de las víctimas y sus familias, amigos y compañeros. Es una escucha social, una escucha atenta no sólo a preservar sino a construir procesos de escucha.
Desde esa escucha, el Juicio opera como el dispositivo esperanzador para la reparación en la restitución de subjetividades e identidades borradas violentamente; no solamente para la compilación de pruebas camino a un veredicto.
De ahí la importancia  como deber del testimonio, de todos; pero también el deber de crear las condiciones necesarias, no sólo jurídicas sino fundamentalmente políticas, para que ese testimonio se realice.
Y esos testimonios se erigen en potenciales instauradores de prácticas capaces de restaurar ese lazo social que espera, con los Juicios y a través de ellos, reencontrarse con lo mejor de las luchas y las conquistas de las que, como en este Juicio, los propios testimoniantes han sido activos constructores.

Por eso, a quienes testimonian… muchas gracias.

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