jueves, 9 de mayo de 2013

Sobreviviendo

  •  por Tina Gardella para el Diario del Juicio

“Me preguntaron cómo vivía, me preguntaron…sobreviviendo dije, sobreviviendo” canta la canción de Víctor Heredia que da cuenta de los 80 y la vuelta a la democracia. Es cierto que sobrevivientes somos todos. Pero no todos somos testigos o podemos dar testimonio de ciertos hechos. El sobreviviente testigo, la sobreviviente testigo, ofrecen testimonio sobre los sucesos en el marco de la Megacausa… con su sola existencia. Su sola presencia evidencia el fracaso de la operación de exterminio y ocultamiento. Su testimonio, anuda el lazo colectivo social que también se quiso desarmar.
“Estoy cansada, por favor quiero paz”. El pedido-ruego-súplica de la testigo al finalizar su testimonio, no sólo es por lo vivido y sufrido en cuerpo y alma y lo vivido y padecido por quienes con ella estuvieron en Arsenales. Es también por lo que se hizo y lo que se hace con lo vivido-sufrido-padecido. El Juicio opera como el dispositivo esperanzador para el fin de la persecución, de la vigilancia, del acoso al que fue sometida una vez liberada. Es reparador en la restitución de subjetividades e identidades borradas violentamente; no solamente para la compilación de pruebas camino a un veredicto. Pero el sobreviviente también es un actor sociopolítico del devenir histórico. Y con su testimonio instituye de alguna manera, las formas estructurantes que tendrá el ejercicio de la memoria en la proyección que hace el Juicio desde sus propias y legítimas escenas jurídicas, hacia el conjunto de la sociedad.

“Ustedes escribieron la historia, nosotras los acompañamos;  he aprendido tanto de ustedes…” responde, por fuera de su testimonio, la Dra. Vittar,  testigo contextual, cuando se le agradece por el rol clave que tuvo (lo mismo que las Dras. Noli y Figueroa) como abogada en el acompañamiento a familiares en su peregrinaje y búsqueda incesante y como asesora de la Comisión Bicameral Investigadora de las Violaciones a los Derechos Humanos en Tucumán (1974-1983). La respuesta, ilumina lo político del abordaje de su relato y de sus aportes. Los datos ponen en escena la significancia de la voluntad política en el campo de los derechos humanos. Esta Comisión Bicameral fue la primera y única en el país. Apenas iniciada la democracia, en diciembre de 1983, el Poder Ejecutivo envió la propuesta de creación de la comisión, quedó conformada para recibir las presentaciones y denuncias y finalmente dio su Informe Final en 1984 aunque recién pudo publicarse en 1991 gracias a fondos de España. No es intención de este escrito analizar el Informe producido. Simplemente dar cuenta del rol sociopolítico del testimonio como entramado textual y contextual que excede a las necesidades jurídicas de la punición. De ahí la importancia  como deber del testimonio de todos, de todas…y también el deber de crear las condiciones necesarias, no sólo jurídicas sino fundamentalmente políticas, para que ese testimonio se realice.

Quienes atestiguan vienen de vencer miedos y temores. Las amenazas y persecuciones son y han sido una lacerante realidad. Pero también se ha colado en esos miedos y temores el saberse y sentir que se es sobreviviente en tanto hay muchos que no están…pero que fueron y estuvieron.  
Las formas que cada uno y cada una le dé a su supervivencia no pueden quedar atrapadas y habitadas por el pasado. Merece esa supervivencia dar carnadura al testimoniante como actor sociopolítico, instaurador de prácticas capaces de restaurar ese lazo social que espera, con los Juicios y a través de ellos, reencontrarse con lo mejor de sus luchas y conquistas.

De manera que podamos reemplazar en la canción inicial  que “somos tristes y errantes hombres sobreviviendo” por hombres y mujeres resistiendo siempre, construyendo siempre, en la lucha siempre.

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