viernes, 3 de mayo de 2013

La justicia que nos merecemos


por Gabriela Cruz del Colectivo La Palta para el Diario del Juicio


Y así, desde noviembre del año pasado los testigos de lo que se conoce como “La Megacausa Jefatura II Arsenales II” empezaron a declarar frente al Tribunal Oral Federal (TOF). Cada uno fue aportando desde su lugar relatos que empezaron a armar este gran rompecabezas de dolor que hace a la historia argentina. Lo que hoy se conoce lisa y llanamente como la Megacausa, empezó a hacerse realidad reivindicando las historias de más de 200 víctimas. Así están siendo juzgados 41 imputados, que incluyen no solamente militares y policías sino también civiles y un miembro de la Iglesia. Con más de 400 testigos el TOF se convirtió en el lugar físico donde la historia negada, callada, exige justicia.

Los relatos fueron estremecedores, los testigos que hasta el momento declararon fueron los sobrevivientes y familiares de detenidos desaparecidos que pasaron por el ex Centro Clandestino de Detención (CCD) Jefatura de Policía. Así se escuchó a los obreros de los ingenios tucumanos, a los delegados sindicales, a profesionales, vecinos, amigos, hijos, hermanos. También se escuchó las declaraciones de los testigos de contexto, como el periodista Marcos Taire, y de testigos expertos como la Licenciada Fabiana Rousseaux.

Ya, sobre el final de esta primera etapa dedicada casi exclusivamente al ex CCD Jefatura, se realizó el reconocimiento de esas instalaciones. De la inspección ocular participaron Oscar Conte, Juan Fote, Raúl Elías, Luis Gallardo y Carlos Soldati. Cada uno de ellos pudo indicar los espacios que reconocieron, por dónde ingresaron, dónde “perdieron” su nombre y se convirtieron en un número, dónde los torturaron. Allí, prácticamente en pleno centro tucumano, donde una pared separaba la vida de “lo otro”, estos cinco testigos víctimas revivieron los momentos más dolorosos de sus vidas.

Las últimas semanas estuvieron plagadas de dilataciones, postergaciones y reprogramaciones de testigos. Las defensas buscaron los mil y un artilugios para evitar que un testimonio clave como el de Oscar Conte sea escuchado por la audiencia. Y es que de los 78 días de cautiverio, más de 50 lo tuvieron en “La Jefatura” luego fue trasladado a Arsenal Miguel de Azcuénaga. En su paso por los dos CCD vio a Graciela Bustamante de Argañaraz y a María Isabel Giménez, también escuchó que nombraron a José Ariño. Además, en su declaración dejó claro cómo funcionaba el sistema de represión y de exterminio, cómo todo pertenecía, evidentemente, a un plan sistemático diseñado para sembrar el terror y acabar con la vida.

Hoy se abrió a otra etapa en la Megacausa, una etapa, sin lugar a dudas, íntimamente relacionada con la anterior. De eso también dio cuenta el testimonio de Oscar Conte. Pero esta etapa, además, está signada por impensables aberraciones y por la muerte. Una muerte pensada deliberadamente, buscada y planificada. Aquí los mecanismos más siniestros de torturas tenían como fin matar en vida y luego liquidar los cuerpos. Desaparecerlos.

Los testimonios que se esperan estarán relacionados a lo que se vivió en el Centro de Detención y Exterminio conocido como Arsenales. Allí donde el represor y genocida Antonio Domingo Bussi decidía sobre la vida y la muerte. Allí donde el límite humano fue llevado al extremo, el límite de la humanidad y de la resistencia. 

Acompañar a los testigos que después de tantos años se presentan a contar y revivir su propio horror es casi un deber. Porque esa historia, que tantas veces se mostró como si fuese de “otros”, en realidad es de todos. Muchos dejaron su vida en la búsqueda de justicia y verdad, por eso existen testimonios que serán escuchados por lectura. Muchos todavía tienen miedo y le hacen frente, otros dudan y necesitan quizás, una mano que los sostengan para atravesar ese miedo. Todos “somos” parte de esta sociedad que no solo tuvo una generación diezmada sino que sufrió un profundo daño transgeneracional; una herida social que, como dijo la Licenciada Rousseaux, no prescribe.
Los años de lucha y de espera no pueden, no deben ser en vano. Esa justicia tantas veces buscada, tantas veces pedida y exigida hoy tiene la oportunidad de hacerse realidad. No es la justicia para otros, es la justicia que esta sociedad se merece. Es la justicia que todos “nos merecemos”.

*Con tu DNI podés acompañar los testigos y presenciar las audiencias

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