jueves, 14 de marzo de 2013

Un Tribunal los juzga, una sociedad los condena


por Gabriela Cruz del Colectivo La Palta para el Diario del Juicio


Entre jueves 7 y viernes 8 de marzo se completaron ya las 25 audiencias del juicio por la Megacausa Jefatura II Arsenales II. Pasaron por el Tribunal Oral Federal (TOF) casi un centenar de testigos. Entran, se sientan frente al tribunal y reviven los momentos más dolorosos de sus vidas. Esos recuerdos que por años fueron adormeciéndose para poder seguir viviendo salen, a pesar del dolor, con la esperanza de que de una vez y por todas se haga justicia. Después de 36 años, con algunos olvidos y con otros detalles marcados a fuego en la memoria los testigos hablan, se quiebran y siguen adelante, pretenden nada más y nada menos que un poco de esa justicia que, si bien llega más de tres décadas tarde, al fin llega.

Cuando se habla de la Megacausa se habla de dos de los Centros Clandestinos de Detención (CCD) más importantes de la provincia. Jefatura de Policía y Arsenal Miguel de Azcuénaga, este último es el Centro de Detención y Exterminio más grande del Norte Argentino. Pero cuando se habla de Megacausa se habla también de otros CCD más que formaron parte de lo que fue un verdadero circuito de represión y muerte. Así por ejemplo a lo largo de estos meses se escucharon relatos sobre los traslados y torturas en lo que fue el Ingenio Nueva Baviera, la Facultad de Educación Física (entonces escuela), la Escuelita de Famaillá (Escuela Diego de Rojas), entre otros lugares que entre improvisados y preparados se usaron para cometer las peores atrocidades en contra de la vida humana.

Circuito que terminaba en muerte: Pedro Guillermo Corroto.
Durante años se dijo que los desaparecidos de la dictadura simplemente se habían ido, incluso se llegó a decir que los busquen en el exterior donde estaban paseando. Pero la verdad fue más contundente que nunca cuando los restos hallados en Pozo de Vargas fueron identificados. A esta altura saber con certeza dónde y qué hicieron con esa persona a la que no se volvió a ver más, a la que se negó hasta el hartazgo de alguna manera puede ayudar a cicatrizar las heridas, pero ante todo permite reconstruir la historia. Una historia que no es de los familiares de las víctimas, de los amigos que se quedaron de los que se sintieron comprometidos, una historia que es de todos.
Margarita Fernandez fue una de las testigos que el viernes 8 dio su testimonio en el TOF. Su declaración empezó contando quién fue su compañero en la vida, Pedro Guillermo Corroto. “Él no pudo estudiar…había mucha pobreza por el cierre de los Ingenios” dijo Margarita que desde su historia personal muestra la realidad tucumana en la década del 70. Pedro era panadero “siempre me daba pan para que lleve al grado porque una vez le conté que los chicos se desmayaban de hambre en la clase”, fue la manera en que Margarita trató de transmitir la solidaridad y el compromiso social de quien fuera su esposo y padre de sus hijos. “Hacía muchas cosas por el pueblo, trabajaba para que los jóvenes se integren por medio del club de fútbol y el de vóley”.
La historia de Pedro, su secuestro, su tortura y su muerte, contada por la sencillez de las palabras de Margarita no solo estremeció por los detalles del horror de aquella noche, cuyas secuelas los acompañó toda la vida, sino porque además fue el primer caso en este juicio en que se puede ver con claridad el circuito represivo.
Aquella noche Margarita pudo identificar a uno de los policías que participó en el operativo, tiempo después este policía que se identificó como Hugo Ricardo Andrada le confirmó que quien había ordenado esa detención era Marcos Urrutia. Margarita supo que entre quienes fueron esa noche a su casa estaba el comisario  Juan Martín Almirón junto a su chofer Juan Carlos Valdés y que se llevaron a Corroto a Jefatura de Policía. Más tarde, por sugerencia de un bombero voluntario vecino, fue a preguntar al Ingenio Nueva Baviera si su esposo estaba allí, pero más que una respuesta recibió una orden: “vaya a cuidar a sus hijos ¿No tiene miedo de perderlos?”.

Los restos de Pedro Guillermo Corroto fueron identificados el año pasado, entre los hallados en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga, allí estuvieron junto al de otros detenidos desaparecidos. Los exámenes forenses confirmaron que tenía la mandíbula quebrada y tres disparos en su cuerpo. Ante estas pruebas no hay nada más que se pueda decir, nada que lo pueda negar.
Las Fuerzas Armadas, que con un discurso aberrante tomaron el poder estatal por medio de una dictadura contaron con el apoyo de muchos sectores de la sociedad civil, con la complicidad y el silencio de la mayor institución Argentina: la Iglesia. Pero no contaron con la fuerza de la lucha. Una lucha que se gestó entre madres que buscaban a sus hijos, una lucha que heredaron hijos y nietos que buscan a sus padres y abuelos, una lucha en la que se comprometen jóvenes y grandes que solo quieren conocer la verdad. Tampoco contaron, porque ni se lo imaginaron, con que la ciencia algún día podía analizar restos óseos y volver irrefutable una verdad que se abre paso por todos lados. Hoy están entre los imputados, los testimonios en cada jornada del juicio los pone frente a la verdad de sus actos, las pruebas tiran abajo todas sus mentiras. Un Tribunal los juzga, una sociedad los condena.

1 comentario:

  1. DUELE MUCHO VER EL TRISTE DESTINO QUE TUVIERON NUESTROS COMPATRIOTAS Y HERMANOS PRODUCTO DE LA NOCHE NEGRA DE NUESTRO PAIS EN LA EPOCA FATIDICA DEL 76. COMO LO DIJO EL DR. ALFREDO TERRAF, MIENTRAS EL PUEBLO TRABAJABA ESTUDIABA SE CAPACITABA MILITABA, ESTOS ASESINOS PERGUEÑABAN SISTEMATICAMENTE COMO IBAN A INGRESAR A LAS CASAS PARA MATAR SAQUEAR VENDER NIÑOS VIOLAR MUJERES Y NO DEJAR EVIDENCIAS. LACRAS ASESINAS CARCEL YA

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