miércoles, 20 de marzo de 2013

Más testigos, más historias

  • por Gabriela Cruz del Colectivo La Palta para el Diario del Juicio
18 historias más se suman al centenar de testigos que van pasando desde que la audiencia inició en noviembre del año pasado. En cada palabra, en cada relato, en cada recuerdo, estas personas enfrentan sus dolores más profundos y los exponen con un único fin, alcanzar la justicia. Algunos son sobrevivientes, otros son familiares. Algunos saben con más detalles qué les pasó a sus seres queridos, otros tienen apenas alguna pista de dónde estuvieron. Pero como el dolor no se mide, basta con decir que cada quien, desde su lugar, aprendió a lidiar con las secuelas del cuerpo y del alma.
Carlos María Gallardo, uno de los sobrevivientes que cuando era un adolescente participó del Grupo Evolución Tucumán (GET), nunca se atrevió a contarle a su padre lo que había vivido. La situación en que lo encontró cuando fue liberado hizo que Carlos decidiera callarse. “Él estaba peor que yo”, recordó. “Me da vergüenza contar como ser humano las cosas que hicieron algunos seres humanos”, dijo refiriéndose a quienes lo torturaron. Y cuando el fiscal le preguntó si había escuchado niños en el lugar donde estuvo detenido, Carlos respondió: “Sí, fue desesperante eso. ‘Mamá gritaba…tendría un año”. 
El GET era un espacio de participación política que se había conformado en el Colegio Gymnasium Universitario. Allí también participaban Gustavo Santillán, Horacio Ponce, Víctor Moreira, Ricardo Salinas y Ricardo Somaini, todos ellos desaparecidos. “El perfil del grupo era la solidaridad, la amistad, el interés por la igualdad social”, dijo Alejandra Ponce, hija de Mirtha Raia y hermana de Horacio Ponce. Todos estos chicos fueron llevados cuando ya habían dejado el colegio, cuando algunos ya estaban casados o siguiendo carreras universitarias. Algunos de ellos fueron secuestrados la misma noche, como lo contó don Carlos Ricardo Somaini que, con sus 91 años, recordó que la noche en que vio por última vez a su hijo, quienes se lo llevaban le pedían la dirección de Moreira. 
Demetrio Chamatrópulus vivía en el cerro San Javier, un día lo detuvieron por no tener documentos y se lo llevaron. Cuando su esposa se enteró no se preocupó demasiado y esperó que lo trajeran en cualquier momento. Lo esperó hasta que la angustia le ganó y empezó a buscarlo. 45 días después encontraron a Demetrio. “No podía dormir de noche, tenía pesadillas, cuando tenía que bajar del cerro se volvía porque sentía que lo perseguían”; contó María Elena Aceves.  
Ramón Ponce también fue secuestrado y liberado, pero su hermano Horacio todavía se encuentra desaparecido. El viernes 15 declararon los hermanos Ramón y Rita. Ambos contaron cómo Humberto trabajaba con el Dr. Pisarello, ayudándolo a proteger perseguidos políticos. Aquel 31 de mayo de 1977, cuando se llevaron a Humberto, entraron a su casa con una violencia que Rita aún recuerda. “Nos encerraron en una habitación….cuando salimos habían dado vuelta todo, se comieron la comida que había, hasta las moneditas se llevaron”, dijo Rita que al terminar expresó que solo espera encontrar los restos de su hermano. 
La historia de Juan Carlos Di Lorenzo y de quien fuera su novia María del Pilar Carmen Toledo estuvo contada por María Magdalena, hermana de Juan. “Es como si se hubiese abierto la tierra y se tragara a mi hermano”, dijo. Y es que después de buscarlo por todas partes la única pista que tuvieron fue una publicación en el diario “La Tarde” donde se decía que había estado en la Escuelita de Famaillá. 
Víctor Felipe Egloff fue secuestrado el 12 de mayo de 1977 por un grupo de civiles que se identificaron como policías. Alicia, Edmundo y Luis Enrique Egloff estuvieron el viernes prestando declaración por la causa de su hermano, como así también lo hizo Pedro Enrique Vélez, primo de Víctor. Todos hablaron de aquella noche, la explosión que sintieron y cómo vivieron la búsqueda de Víctor, quien figura en el Índice de Declaraciones de Delincuentes Subversivos con la sigla DF (Disposición Final). 
Entre los testimonios que se escucharon en estas jornadas estuvo el de Guillermo Ignacio Moyano, un hombre clave en el hallazgo de cuatro cuerpos en el cementerio de Tacanas entre los que se encontraba el de Adriana Mitrovich. También narró su historia Francisco Viecho, que aún tiene a su compañera desaparecida. Se escuchó el testimonio de Ramón Francisco Romano, hermano de Benito y de Domingo Nicolás Romano que permanecen desaparecidos. Elba Jesús Castría habló de quien fuera administrativo a su cargo, Víctor Hugo Elías. Las palabras de Luis Ernesto Macor fueron las de un padre que quiere entender por qué se llevaron a su hija Susana Macor y a su yerno Leandro Díaz. 
Cada testigo, desde su mirada y su idiosincrasia, cuenta su propia historia. Algunos atravesados por la militancia la reivindican, otros sienten que los suyos no “debían” ser llevados porque no les interesaba la política. El terrorismo de Estado se instaló a tantos niveles que dejó a generaciones adormecidas, convencidas de que involucrarse y comprometerse en las luchas colectivas era “andar en algo raro”. Hoy, este y los otros juicios por los delitos de lesa humanidad que se llevan adelante en el país hacen historia. Y no solamente por la justicia buscada y esperada por tantos años, sino porque además invitan a reavivar el compromiso adormecido.

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