jueves, 6 de diciembre de 2012

Nueva formas de Comunicar


  • por Tina Gardella para el Diario del Juicio

Ha comenzado en Tucumán el V Juicio por delitos de lesa humanidad. Llamado “Megacausa Jefatura II-Arsenales II”, los datos cuantitativos bastan para entender su importancia: en el expediente las víctimas suman 235, entre desaparecidos y sobrevivientes, los imputados son actualmente 41 y una cifra cercana a los 400 testigos brindarán su testimonio durante el 2013.

Sin embargo, en algunos portales de noticias locales o ciertos movileros radiofónicos presentaron la noticia al estilo “Arrancó la Megacausa. Caos vehicular”. La obvia alusión al corte de tránsito que necesita el desarrollo de estos juicios que excede ampliamente al recinto judicial, da cuenta de cierta valoración de los hechos pero también de cómo gana la rutina, cómo están naturalizadas las prácticas profesionales, cómo cuesta articular los saberes y las prácticas propias del campo con la necesaria reflexión acerca del sentido para el que se las pone en juego.
Y la etapa es riquísima en oportunidades para hacerlo. No sólo por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que, dicho sea de paso, no garantiza que no se seguirá hablando del “caos vehicular”, pero sin su marco epistemológico y conceptual sería imposible desandarlo. Me refiero a estas instancias de politización de las prácticas, de las ideas, de las narraciones como ejercicio profundamente crítico para transformar lo dado como la mejor garantía de luchar contra ese sentido común que paraliza y rutiniza.
En ese contexto, los juicios de lesa humanidad son el escenario inmejorable para buscar las formas y los decires que vayan más allá de la contemplación y la descripción funcionalista instrumental. Esto es fundamental para construir, desde la comunicación y sus lenguajes, sujetos-actores sociales-ciudadanos políticos.
Pero, además, el desarrollo de este V Juicio presenta particularidades que exigen profundizar las miradas y ampliar el horizonte de la escucha para poder medir el impacto social y político, porque de lo jurídico se encargará la Justicia, de situaciones nuevas que ameritan formas nuevas de llevarlas a lo público:
n Es la primera vez que se juzgará a civiles. Un reconocido escribano y sobre todo un sacerdote que sobresale en el cuadro de los imputados con su sotana dan cuenta de por qué hay en las adyacencias al Juzgado Federal mujeres con rosarios y una imagen de la virgen como las que se sacan en las procesiones. Muchos tucumanos tienen parientes o conocidos entre los imputados.
n Entre las víctimas figuran familias enteras, políticos, estudiantes, militantes, estudiantes, conscriptos, policías y trabajadores. Por los trabajadores, que eran mayormente del interior, la sala de audiencias se pobló de rostros nuevos, expectantes, que desde su ámbito rural acompañan el proceso de justicia. Entre las víctimas también había cinco mujeres embarazadas. Además, hay denuncias de abusos sexuales. Algunos casos datan del ‘75 en el marco del Operativo Independencia. También muchos tucumanos tienen parientes o conocidos entre las víctimas.
n Las prácticas de acompañamiento que instalaron los organismos de derechos humanos en su lucha y resistencia también fueron tomadas por los familiares de los imputados: hay bombos, carteles, remeras. Han agregado sirenas (iguales a las que acompañaban los operativos) y por supuesto, no hay fotos.
n Los nuevos jóvenes abogados en la defensa de los imputados contrarrestan con los viejos militantes de los derechos humanos de la querella. La Secretaría de Derechos Humanos de la provincia pidió la renuncia al cargo que en Fiscalía de Estado ocupaba uno de los abogados defensores.
La lista podría seguir, pero basta para dar cuenta de procesos con nuevos actores, nuevas prácticas y nuevas significaciones que amerita pensar la comunicación como esa cotidianidad de movilización social, no sólo profesional aunque la incluya, que es gestora de producción política. Porque al construir el hecho y por lo tanto construir lo público, se está proponiendo nuevas formas de vida, nuevas formas de ciudadanía, nuevas identidades, nuevas demandas, nuevas formas de sentir y de pensar, nuevas formas de expresar, nuevas formas de narrar, nuevas estéticas. Es decir, nuevas formas de comunicar. Esas, que buscamos incansablemente y por las que nos interpela este tiempo que nos ha tocado vivir.

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