lunes, 10 de diciembre de 2012

Entrevista a Fernando Sosa Padilla

  • por Valeria Totongi para el Diario del Juicio

 


Un cerrado aplauso lo recibió a la salida del Tribunal Oral Federal. Fue el cierre de una jornada intensa para Fernando Sosa Padilla, que se enfrentó, con orgullo y fortaleza militante, a sus recuerdos, a sus miedos y a los “mordiscones” de quienes defienden a secuestradores, torturadores y asesinos. Colorado y ahogado en medio de los abrazos, parecía a punto de estallar en lágrimas.“Me preparé como para un combate, sabía que iba a ser un enfrentamiento duro, porque quieren quebrar a los testigos”.

La comparación no es caprichosa. “Fue como revivir la tortura. Una patada, una pregunta; y del otro lado lado, otra patada, la misma pregunta. Tenía que saber cuál me iba a pegar, si Benedicto (Luis, el defensor de su hermano Juan Carlos Benedicto), desde atrás; si (el defensor público) Ciro Lo Pinto, desde el costado. Pero me refugié en mis creencias religiosas y en mis convicciones políticas, y no perdí la calma”. 


Fernando Sosa Padilla fue el tercer testigo que se sentó frente al tribunal que juzga los delitos cometidos en el Arsenal Miguel de Azcuénaga y en la Jefatura de Policía contra 234 víctimas, y por el que están acusados 41 represores, entre militares, policías y civiles. Hasta un cura hay en el banquillo. José Mijalchyk (el “Padre Pepe” de los carteles que muestran los que van a apoyar a los imputados), está sindicado como una de las personas que visitaba el Arsenal y que intercambiaba información con Roberto “El Tuerto” Albornoz. 



En su relato ante el tribunal, Sosa Padilla detalló cómo se gestó, dentro del mismo peronismo, la lucha que dividiría a aquellos que optaron por el camino de la liberación nacional y los que querían “limpiar de zurdos” al movimiento. Desde las organizaciones de derecha del peronismo, como la CNU y la CNS se armaron y se entrenaron algunos de los personajes que luego pasaron a integrar la Triple A y que, tras el golpe, encontraron un lugar dentro de las “patotas” que salían a secuestrar militantes políticos, sociales y religiosos, dirigentes sindicales y estudiantiles, madres que buscaban a sus hijos, y todo aquel capaz de levantar la voz contra la injusticia. Reconoció a Benedicto como uno de los integrantes de esas organizaciones. 




- ¿Por qué es importante la realización de estos juicios, pese a que pasaron más de 30 años y muchos de los imputados han muerto o están enfermos?

- Porque seguimos buscando Memoria, Verdad, Justicia y Reparación. Porque, así como la Alemania de la posguerra necesitaba un Nuremberg (los juicios a los criminales nazis) para poder explicar a Hitler; para poder reconstruirse como sociedad necesitaba saldar esa deuda con su historia. Nuestra situación es parecida. Mirá vos Menéndez (Luciano Benjamín, ex jefe del Tercer Cuerpo de Infantería del Ejército), que no puede ser juzgado en Tucumán porque está respondiendo las acusaciones en La Rioja, y de allí tiene que pasar a Córdoba para el juicio por el CCD La Perla. Eso habla de una necesidad de la sociedad argentina y tucumana, de sincerarse, de entender cómo y por qué ocurrió la dictadura cívico militar. 


- El énfasis puesto en “cívico-militar”...
- Necesitaban de los civiles para concentrar el poder e imponer un plan económico favorable a los monopolios, y se necesitaban 30.000 desaparecidos para aplastar toda resistencia y poder imponer el plan económico de Martínez de Hoz. 

- ¿Cómo se relaciona esta idea con el presente?
- La desaparición de personas como parte del terrorismo de Estado es anterior al golpe del 76 y continuó durante la democracia porque es una historia que no está saldada y que quedó grabada en el cuerpo social. Así es como en nuestros días tenemos una desaparecida, que es Marita Verón. Hay un hilo entre las mafias de ahora y las de aquel entonces. Hasta Mauricio Macri, con quien no me une ninguna coincidencia política, fue víctima, en la década de los 90, de un secuestro extorsivo. Y quienes lo secuestran son los integrantes de “la Banda de los Comisarios”, policías federales que continuaron con las práctica que habían adquirido durante la dictadura. 

Los grupos de derecha dentro del peronismo

Usted traza una relación entre los grupos de la derecha peronista, la Triple A y los civiles que integraron las “patotas” juntos con las fuerzas de seguridad durante la dictadura. 
- Dentro del peronismo la pugna era enorme, y se manifestó desde la resistencia peronista, luego del golpe del 55, el de la “revolución fusiladora”. Así como la compañera Evita decía que “el peronismo será revolucionario, o no será”, había también sectores de derecha y de ultraderecha, que pugnaban por abortar el desarrollo del movimiento popular. Dentro del peronismo había sectores juveniles, los que nos incorporamos en la década del 60 y 70; otros sectores que ya venían formados por John William Cook, el padre ideológico de la tendencia recolucionaria del peronismo. Y también estaban los sectores burocráticos como el del traidos Augusto Timoteo Vandor. Esa lucha interna en el movimiento se agudiza en la década del 70, 

- ¿Cómo se manifiesta esa agudización de la lucha interna?
Con el tiempo aparecen sectores como la CNU, enquistados en el movimiento y que decían que los jóvenes éramos unos zurdos infiltrados en el peronismo. Alentados por los servicios de inteligencia, tenían el objetivo de impedir que –una vez desalojada la dictadura militar- la lucha se diera entre el campo popular y las fuerzas de la oligarquía, y en cambio se manifestada dentro del mismo peronismo, desnaturalizando el proceso. La matriz ideológica se puede rastrear, ya en la década del 60, con el florecimiento del movimiento Tacuara. Con estos grupos de derecha el enfrentamiento era ideológico y físico, con la CNU no había discusión posible. Amenazas, emboscadas y hasta tiroteos eran sus métodos. Pero la CNU no sólo sólo recibía adoctrinamiento ideológico de parte lo más recalcitrante de la derecha. También recibía armas y adiestramiento militar.

- ¿Las armas las entregaba la Policía y el Ejército?
- Hubo oficiales del ejército que entrenaban a la CNU, las pistolas 9 mm y 45 se las entregaba el “Tuerto” Albornoz. Con las armas que les entregaba el Estado a las fuerzas de seguridad se van formando los grupos de choque del peronismo.  Hay una ligazón entre el estado y la ultraderecha civil que cristalizó en la Triple A. Algunos de La CNU dejan de tener actividad tras el golpe porque consideraban que su tarea era combatir a los “zurdos” dentro del peronismo. Otros, como Benedicto, deciden seguir haciendo carrera dentro de las fuerzas de seguridad de la dictadura cívico militar. Por eso digo que  de Benedicto no es un caso aislado. Era una polìtica y una ideología, para participar del la represión del conjunto del pueblo y del genocidio reorganizador, que revierta las conquistas del gobierno de Perón y que nos haga volver al país del trigo y de las vacas, en el que los trabajadores estén marginados de la participación social.

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