martes, 2 de diciembre de 2014

Tristezas sin fin...

  • por Tina Gardella para el Diario del Juicio
Sara Rus de Eugenia Bekeris
"Víctimas, victimarios. Dibujos y reflexiones en los Juicios de Crímenes de Lesa Humanidad"


Atestigua Mirta y atestigua Elvio. Son hermanos. Y al brindar su testimonio, el hilo de una madeja invisible comienza a envolvernos en una tristeza sin fin… De esa que nos hace dudar acerca de qué escribir y cómo hacerlo.
Viene a mente las palabras de Eugenia Bekeris en relación a sus dibujos sobre los sobrevivientes de la Shoá en la Argentina: “No he querido apropiarme de lo que no he conocido, ese grito no es mío. A quienes exhiben generosamente ante mi mirada el paisaje dramático de sus rostros y cuerpos atravesados por su crucial experiencia, los dibujo con mucho cuidado y delicadeza , estableciendo en el transcurso del trabajo un diálogo personal, un pacto privado, que puede intuirse, los retratos develan aquello que veo y por lo tanto dibujo…”
¿Qué vemos nosotros, qué escuchamos de lo que se dice, que escena del juicio construimos con lo que vemos, con lo que escuchamos y luego…con lo que escribimos…?
Hay cierta traducción, como un querer que más allá de ese decir, se pudiera inscribir algún reparo, por fin, para tanto dolor. Pero no cede el dolor.
Mirta tenía 3 años cuando se agarraba firmemente a los pantalones de su padre para que no lo llevasen. Elvio, estaba en el vientre de su madre. Ambos hubieran transitado la vida levitando casi, sin poder hacer pie, a no ser por sus abuelos y la búsqueda que aunque penosa, engañosa y perversa les permitió heredar el legado de la búsqueda, el compromiso de la memoria, darle presencia a la ausencia como ahora con su testimonio en la audiencia.
Pero no cede el dolor. ¿Por qué tanto daño, por qué tanta saña?- se preguntan en relación a ese pasado de allanamientos, de quedarse con los campos de su abuelo, de las amenazas propinadas por el mismo Bussi aún a ellos, siendo apenas niños… Pero también se preguntan en relación al presente,  ¿Cómo es posible que quienes tenían toda esa maldad ahora pretendan con la máscara de pobres y enfermos viejitos usar prerrogativas que no dieron ni concedieron en ningún momento?
Entre sollozos, escritos previos, desazones varias y amagos desesperados, el testimonio de Mirta y de Elvio hace que la madeja del infinito dolor que los inunda, comience a desarmarse en varias y diferentes tristezas…Las propias y las no tan propias, las de todos y las de los que faltan y como en nuestros casos, la tristeza de la hoja en blanco que sabe que  las letras y las palabras ya no pueden más que acompañar, tenerlos y sentirlos, sin decir más, sin perturbar lo que íntima y colectivamente, les pertenece.

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