viernes, 22 de febrero de 2013

Se reanudó la Megacausa Arsenales-Jefatura

por Gabriela Cruz del Colectivo La Palta para el Diario del Juicio


Durante las dos primeras semanas del año 2013 del juicio por la Megacausa Arsenales II - Jefatura II  fueron 30 los testigos que prestaron declaración a pesar del sinfín de estrategias dilatorias a las que apeló la defensa. Entre pedidos de nulidad, de suspensión de la audiencia e incluso de separación de uno de los imputados, lograron que algunos testigos no puedan declarar y que tuvieron que ser reprogramados.
La primera semana, entre el jueves 7 y viernes 8 los testigos que pasaron fueron: Vilma Hortensia R., Norma Natividad G., René Arturo R., Nélida L., Teresa Idelma D., José Benjamín E., Celedonio V., Fidel C., Hugo C., Juana Rosa P., Dora María P., Andrés Avelino A., Luis Eduardo B., María Cristina B. y Fernando Leopoldo L.. Mientras que durante la segunda semana lograron declarar Ricardo C., Ramón Antonio C., Juan Carlos R., Felipe L., Oscar Z., Lelia G., Licia C., Francisco Rafael D., Alberto G., Salvador I., Virginia R., Juan Antonio F., Luis M., y Justo J..

Las historias que marcaron la primera semana
Vilma empezó a hablar frente al tribunal y se presentó como madre de Luisa Ibáñez, secuestrada desaparecida. [… Señaló a Roberto “el Tuerto” Albornoz como uno de los principales responsables de la desaparición de su hija y, como evidencia de la perversión que imperaba en aquellos secuestros, contó cómo fue a parar en manos de una sobrina, novia de uno de los hijos de Albornoz, un anillo que pertenecía a Luisa...  Antes de retirarse se dirigió directamente al presidente del Tribunal, mirándolo a los ojos le dijo “Yo le pido justicia señor Juez, no venganza, justicia”.

Más tarde fue el turno de Norma Natividad G. víctima sobreviviente de los secuestros y torturas de la dictadura militar. Fue secuestrada en 1975 en un operativo que se llevó adelante en San José y llevada a Jefatura de Policía. Allí vio como Roberto Albornoz sacaba a rastras a su hermana que había sido torturada y no podía caminar. Luego fue trasladada a la Escuelita de Famaillá donde vio nuevamente a su hermana “estaba torturada y violada” dijo, “la dejaron en libertad una noche, después en octubre de 1975 la volvieron a secuestrar y desde entonces está desaparecida”.
La sala fue desalojada por pedido de la abogada querellante Laura Figueroa, ya que las preguntas que continuaban apuntaban a su posible condición de víctima de delitos sexuales. Antes Norma había dicho que la noche de su secuestro la metieron a un camión junto a Juan Fote, Pedro Rodríguez y los hermanos Romero…]*

El viernes inició con la declaración de Juana Rosa P. secuestrada el 13 de marzo del año 1976 en la casa de su madre, donde se encontraba con su hija de 8 meses de edad, y liberada en junio de 1979. Al momento de su secuestro Juana estaba embaraza y dio a luz en cautiverio una criatura cuyas marcas de la tortura lo acompañan de por vida. Su extensa narración dio cuenta de los 3 años de cautiverio y como muchos testigos que atravesaron el horror del terrorismo de Estado, da gracias por estar ante un Tribunal de una vez por todas.

El viernes se tuvo que pasar de un cuarto intermedio a otro, las oposiciones de la defensa consiguieron que el tiempo siga alargando la espera. Pero eso no fue todo, al final del día, con el testigo Luis Edgardo E. sentado para prestar su declaración se tuvo que cerrar la última audiencia de la semana por una suba de presión del imputado Oscar Humberto Gómez. […Esta situación ocasionó que los abogados de la defensa aleguen sobre las condiciones en las que se encuentran los detenidos en la unidad N° 9 del Penal de Villa Urquiza. Los gritos y aplausos ante las palabras de los defensores por parte de los familiares de los imputados no se hicieron esperar, lo que produjo un ambiente de tensión en la sala… ¿Cómo evitar pensar en el dolor, la angustia, la impotencia de los sobrevivientes y familiares de desaparecidos que allí estaban presentes? Ellos, que sufrieron el trato más inhumano posible, que noche a noche eran electrocutados, que fueron ultrajados y violados, que perdieron todo lo que tenían, hoy escuchan que los responsables de todo aquello que tuvieron que vivir piden mucho más que las condiciones que la Constitución establece. Exigen estar en sus casas, junto a sus familias y en libertad, derechos que ellos negaron cuando se creían todopoderosos…]

Querían que se suspendan las Audiencias
La mañana del jueves 14 (segunda semana de audiencias del 2013) los planteos que la defensa tenía, que podía haberlos hecho apenas reanudada la sesión, los presentó con la testigo experta Fabiana Rousseaux sentada frente al Tribunal. Así pidieron que se separe de la causa a Marcelo Omar Godoy o que se suspenda la audiencia por el agravamiento en su estado de salud, agravamiento que no fue corroborado por el médico forense que se encuentra en Ezeiza.
Con esa estrategia consiguieron que no se tomen declaraciones durante la mañana, que la testigo Rousseaux no pueda declarar porque debía viajar a las 14 h y que la sesión se reanude a la tarde con un importante retraso. No obstante durante esa jornada pasaron 7 testigos.

[…Entre los primeros testigos en declarar estuvieron Ricardo Aroldo Coman, Ramón Antonio Comán y Felipe López. Todos ellos fueron vecinos de Villa Carmela y fueron secuestrados y torturados en Jefatura de Policía…En sus testimonios dejaron claro que fueron sometidos a cruentas torturas. Algunos de ellos identificaron a Roberto Heriberto Albornoz como uno de los torturadores y no solo se encontraron en el mismo Centro Clandestino de Detención (CCD), sino que estuvieron con Pascual Suárez, Galeano y Santillán… Estos testimonios hablaron del temor que incluso hasta el día de hoy les produce declarar y contar lo vivido durante sus secuestros. “Yo callé tantos años, me decían que no tenía que hablar porque habían represalias” dijo Ramón Camon. “Todavía tengo pánico, tengo temor” fueron las palabras de Ricardo…]*

También declararon los miembros de la familia Campos, la esposa, el hermano y la hija de Enrique Aurelio Campos que semana a semana llegan desde Salta para estar presentes en este juicio. Enrique fue intendente de Aguaray, militante peronista que huyó de las persecuciones a Tucumán y aquí fue secuestrado y desaparecido en 1977.

El día viernes se sentó frente al Tribunal un hombre que conmovía por su entereza, por su fuerza y por su lucha. Don Francisco Rafael Díaz con 90 años habló de lo que sufrió en carne propia cuando fue secuestrado y durante estos 30 años de búsqueda. Se llevaron a sus dos hijos que hasta la fecha continúan desaparecidos. […En su declaración dio testimonio directo de cómo funcionaban las estrategias utilizadas por las fuerzas armadas para sembrar el terror y legitimar su accionar. Contó que en una de sus detenciones vio a dos jovencitos, uno era técnico mecánico y el otro técnico automotor. Que los vio golpeados a más no poder, totalmente debilitados, incapaces de ofrecer resistencia. Cuando fue liberado leyó un titular de “La Gaceta” que afirmaba que habían sido abatidos en un enfrentamiento dos peligrosos terroristas, que resultaron ser aquellos jóvenes que había visto anteriormente. “Eso no fue un enfrentamiento, fue un asesinato a sangre fría” dijo con firmeza don Díaz…]*

Durante este mismo día declaró también Juan Carlos Ríos Santucho, un jujeño que llegó a la provincia en búsqueda de trabajo y que mantuvieron secuestrado desde abril del 76 hasta enero del 77. El interrogatorio giraba principalmente en torno a su tío, miembro del ERP. Su detención se produjo el mismo día que llegó a Tucumán apenas bajó del colectivo proveniente de Palpalá (Jujuy).

Luis Alberto Gallardo habló de sus reiterados secuestros, el primero en 1975, y de cómo consiguió escapar hacia Bolivia con la ayuda de Virginia Mercedes R. Virginia corroboró sus dichos cuando fue el turno de su declaración. Esta última jornada terminó con el testimonio de Juan Antonio Fote, sobreviviente, y con los testigos por el caso Carlos Soto: Salvador Iovanne, Luis Fernando Monti y Julio José Juárez.

Los 15 testigos de esta última semana hablaron, otros tantos pasarán en las semanas próximas, y aunque la palabra les fue arrebatada por años a la fuerza, aunque hoy con artilugios y tecnicismos legales se los quiera seguir callando, la construcción política y social de 30 años de democracia presenta otro escenario. Un escenario que hace posible un juicio oral y público, con las garantías debidas para quienes vulneraron todas las garantías.



*Fragmentos de notas publicadas en www.colectivolapalta.com.ar

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